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Dönitz

Nuremberg - Carta de los Comandantes - Impresiones de Topp

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juicio en Nuremberg

El 30 de Abril de 1945 el capitán de corbeta Lüdde-Neurath, ayudante de Karl Dönitz, entrega a su jefe en Plön (a orillas del Báltico) el siguiente radio-mensaje: “Gran Almirante Dönitz. En el puesto del ex Mariscal del Reich Göring, el Führer le nombra a usted como sucesor. Sigue por escrito la confirmación de plenos poderes. Tome inmediatamente todas las medidas que exige la situación actual. Firmado: Martín Bormann”. El propio Almirante recuerda: “Cuando leí el mensaje no dudé ni un instante de que debía aceptar el cargo”.La formación de un efímero gobierno de 20 días, y la rendición a los aliados en Flensburg, el 23 de Mayo de 1945, fueron sus últimos actos públicos hasta el inicio de los juicios en Nuremberg.

Raymod Cartier, escritor y periodista, se expresa en los siguientes términos en relación al juicio: “Una parte de los cargos durante el proceso chocaba con un escollo de naturaleza jurídica. El principio fundamental de las sociedades civiles exige que nadie sea condenado si no es en virtud de una ley anterior a los hechos de los que se acusa. Y para las responsabilidades de guerra no existe una ley así. Tales normas, decidió el juez Jackson (jefe del tribunal), se crearían durante el mismo proceso, partiendo de los principios generales de la moral internacional que el Tribunal interpretaría de la manera más elevada posible”.

Y continúa: “... una elección equivocada en el proceso fue el grupo de acusados, puesto que entre los imputados había soldados que nada sabían de crímenes contra la humanidad y políticos que más bien no se interesaban por hechos que no fueran los estrictamente dependientes de las relaciones diplomáticas. Entre estos soldados y diplomáticos se encontraban asesinos como von Ribbentrop , Keitel y Sauckel. Probablemente, el proceso de Nuremberg fue necesario, como demostró el juez Jackson, pero fue arbitrario, en el sentido literal de la palabra, porque por lo menos una parte de las condenas no se basaba en una ley precedente. Fue además insignificante, en el sentido de que la suerte de los 21 acusados, la mayor parte de los cuales no habría podido en todo caso sobrevivir, no revestía mucha importancia en la inmensa tragedia que había convulsionado al mundo. Y fue justo. No violó nunca las formas de justicia, ni cayó nunca en la violencia o en la impaciencia”.

De todos modos, grandes personajes de la época no lo aceptaron criticándolo públicamente, tales son los casos de De Gaulle o el propio Churchill que ya el 1 de Noviembre de 1943 había sentado sus bases firmando un acta en Moscú, junto a Stalin y Roosevelt, donde se comprometían a “...castigar, según una decisión común, a los responsables de crímenes que afectan a muchos países”.

El 20 de Noviembre de 1945 Dönitz es procesado en Nuremberg. Su abogado defensor es Otto Kranzbühler, joven jurídico naval elegido por el propio acusado, los cargos a los que se enfrenta son los de atentados contra la paz, actos de agresión, crímenes de guerra y violación de las Convenciones de La Haya y Ginebra.

acusados

La acusación centra sus esfuerzos en la orden que el Cuartel General de Dönitz emitió en Septiembre de 1942: “Está prohibido el salvamento de las tripulaciones de los navíos echados a pique, es decir, recoger a los náufragos o distribuir víveres y agua potable. Porque el salvamento es contrario a las exigencias más elementales de la guerra en el mar. Es necesario ser implacables, y recordar que el enemigo bombardea nuestras ciudades”.

A esta normativa se une otra: “Los convoyes enemigos comprenden generalmente un barco especial de dos o tres mil toneladas, encargado de recoger a los náufragos de los vapores torpedeados. Dado que nos interesa la destrucción de las tripulaciones, hundir este barco es de gran importancia”. Para ilustrar la aplicación de estas directrices los prosecutores aliados citan ejemplos producidos durante la guerra: el torpedeamiento del mercante “Sheaf Mead” por parte del U-37, que continuó su rumbo abandonando a los supervivientes en grave situación, la orden de Karl Mohrle, Comandante de la Quinta Flotilla, que recomendó a sus subordinados ametrallar a los náufragos de los barcos torpedeados, el caso del U-852, que hundió al mercante griego “Peleus” y temiendo que se descubriese su posición exterminó a sus supervivientes a cañonazos y ráfagas de ametralladora.

El último cargo es un asunto de relevancia internacional: la orden directa de Dönitz de eliminar toda referencia del diario de a bordo del U-30 sobre el hundimiento del “Athenia”, cuando el propio Almirante había declarado con anterioridad: “...he guardado todos los documentos oficiales porque la Marina Alemana no tiene nada que reprocharse”.

Para refutar estos argumentos el Flottenrichter Kranzbühler objeta que las mencionadas directrices vinieron a continuación del famoso episodio del “Laconia”, cuando el U-156 fue bombardeado por un avión americano tras socorrer a los náufragos. El defensor responde a una matización expresada por los aliados sobre un mensaje de Dönitz que destinaba otros submarinos el salvamento de los aliados italianos, prisioneros en el mencionado barco, pero sin incluir a los ingleses y polacos. Kranzbühler afirma que la expresión alude al modo en que debía desenvolverse la operación de salvamento, incluso sin el posterior bombardeo.

Contra el resto de acusaciones podemos sintetizar el siguiente párrafo pronunciado por el magistrado defensor: “Alemania, usaba los mismos métodos del enemigo. La interpretación del tratado naval de Londres de 1930, que comprendía ‘Leyes y usos para la guerra naval’, llevó a un empleo sin restricciones de los submarinos americanos contra las naves japonesas en el Pacífico, así como al uso de abandonar las tripulaciones de los mercantes cuando las operaciones de salvamento implicaban peligro para los barcos de guerra”. Para reafirmar este punto pide, y obtiene, una declaración jurada firmada por el propio Almirante Chester Nimitz para demostrar que los submarinos americanos también operaban bajo las ordenes del “sin previo aviso”.

Dönitz finaliza su declaración en el estrado con la frase: “Considero legal el modo en que se ha llevado la guerra de submarinos alemanes, creo que he actuado siempre según mi conciencia como Comandante Supremo de la Marina y como último Jefe de Estado”.

Condenado a diez años de prisión, que cumple integramente en la cárcel de Spandau, el Gran Almirante es puesto en libertad el 1 de Octubre de 1956 retirándose a su casa cerca de Hamburgo. Muere en 1976.

dönitz

A continuación reproducimos una carta, redactada y firmada por varios Comandantes de U-boot, que fue presentada ante el tribunal durante el proceso, así como un relato de Erich Topp describiendo sus impresiones tras liberarse a Dönitz de su cautiverio. La recopilación y traducciónes correspondientes son obra de nuestro colaborador Carlos Ballesta (Silvest U-490).

carta de los comandantes

Al Consejo de Control Aliado de Alemania.

Opinión sobre el veredicto de Nuremberg en contra del Gran Almirante Dönitz.

Como representantes del arma submarina alemana en la pasada guerra, por la presente nos dirigimos al Consejo de Control Aliado y apelamos a su conciencia humana y militar. Actuamos como portavoces de los antiguos miembros de las fuerzas submarinas alemanas de quien sabemos están unidos en sus pensamientos y sentimientos en cuanto a este asunto. Obtenemos esta convicción por el hecho de que la mayor parte de los oficiales o bien fueron entrenados por nosotros o sirvieron a nuestro lado en el mar. Conocemos el corazón de estos hombres. Piensan del mismo modo en el que lo hacemos nosotros. Nuestro llamamiento surge de nuestra búsqueda colectiva por la justicia.

Es por tanto que pedimos la revisión y revocación del veredicto en contra del Gran Almirante Dönitz, ya que estamos profundamente convencidos de que los crímenes que le son imputados no existen.

La guerra submarina comenzó de acuerdo con las reglas establecidas en la legislación internacional y, una vez que nuestros enemigos intensificaron sus contramedidas, fue llevada bajo las órdenes del Gran Almirante, tal y como se detalló en la defensa por el Flottenrichter Kranzbühler. La guerra se libró de una manera consistente con nuestra propia conciencia y nuestro sentido de la justicia. Nunca se nos pidió hacer algo mas de lo que los valores de un soldado permitirían en cualquier otra parte del mundo.

Nunca existió una orden de matar a los marineros supervivientes. Ya en el juicio este hecho fue atestiguado bajo juramento por un gran número de comandantes de U-boot. Sin embargo, aquellos que violaron el principio de prestar ayuda a los supervivientes después de haber garantizado la seguridad de su propia nave y tripulación, sí que lo hicieron bajo las ordenes en curso de sus superiores. Aquellos que interpretaron la orden “Laconia” y otras expresiones de nuestro Gran Almirante como una licencia para matar supervivientes solo actuaron de tal manera en base a sus complejos psicológicos. Su interpretación fue en contra del mismísimo espíritu de la U-bootwaffe. Su número es muy limitado en comparación con la gran mayoría de submarinistas que se sometieron a las órdenes.

No conocemos todos los detalles de las acusaciones ni hasta que momento en el pasado aplican las acusaciones y cargos formulados en el juicio. Ni podemos hablar de la clase y peso de las acusaciones políticas que han sido registradas en contra del Gran Almirante. Los informes de prensa han sido vagos en este sentido. Pero conocemos la personalidad de nuestro Gran Almirante, y hemos llegado a comprender que clase de hombre es Dönitz después de cinco años de fiera lucha. Sus intenciones y principios siempre reflejaron las más altas normas morales y compostura. También, estamos profundamente convencidos de que nunca actuó de una manera deshonrosa.

Creemos expresarnos en nombre de una conciencia militar universal. Soldados y marineros no comprenden cuando uno de ellos es declarado culpable por que luchó por su patria y, así por un buen motivo, ha cumplido con su deber. Después de todas las guerras los soldados son los primeros en aproximarse a sus enemigos ya que los soldados se respetan unos a otros con una conciencia clara. Sabemos que el veredicto también ha tocado de una manera dolorosa el sentido de imparcialidad, justicia y caballerosidad entre los soldados Aliados.

Dadas nuestras experiencias en esta guerra, dada nuestra comprensión del principio por el cual esta guerra en el mar ha sido librada, y conociendo la personalidad de nuestro Gran Almirante, solicitamos que no difamen con su veredicto en contra de este militar a una rama armada que ha demostrado a través de un alto porcentaje de bajas que ha librado una justa y honesta lucha.

También pedimos que el registro limpio de aquellos fallecidos, así como de los vivos, no sea ensuciado por marcar la persona de su altamente venerado superior y sus actos como criminal.

En Alemania, Septiembre de 1946.

Firmado por: Erich Topp, Reinhardt Suhren, Otto Schuhart, Carl Emmerman, Viktor Schütze, Hans Witt, Georg Lassen, Ulrich Heyse, Otto von Büllow, Ali Cremer, Heinrich Lehmann-Willembrock, Karl-Heinz Wiebe, Victor Oehrn, Rolf Rüggeberg, Hans Eckerman, Ernst Bauer, Wilhelm Schulz, Albrecht Brandi, Adalbert Schnee, Hermann Rasch, August Maus.

impresiones de Erich Topp a la vuelta de Dönitz

Una de sus primeras visitas como hombre libre fue a nuestra casa en Hannover. Se quedó a pasar la noche y tuvimos largas conversaciones, estaba ansioso por información y orientación después de los largos años pasados en Spandau. Decidimos almorzar en un restaurante y Dönitz disfrutó estando entre el público, con voz fuerte invitó a su esposa a unirse a nuestra conversación y pronto las personas de otras mesas y los camareros supieron quien era nuestro invitado. Cuando nos fuimos se juntaron en la salida por que todo el mundo quería ver a Dönitz. Orgullosamente caminó entre la gente. Dudó por un momento y echó una larga mirada a una chica bonita, cuando su mujer le urgió a que continuase dijo: “No tengas tanta prisa, no he visto algo como esto en once años”. El dolor de su encarcelamiento afloró una vez más.

topp

Me preguntó como debía actuar ahora que era un hombre nuevo. Era una pregunta razonable después de su aislamiento de los desarrollos políticos y sociales, le di este consejo: "Tomate un tiempo en evaluar la situación en la que te encuentras. Te acosará un enjambre de periodistas que buscan una historia sensacionalista, haz tan pocas declaraciones públicas como puedas. Tal actitud te ganará el respeto de los que te critican". Unos años después un editor le convenció para publicar sus memorias, '10 Jahre und 20 Täge', complementadas por dos libros más 'Mein wechselvolles Leben' y 'Antoworten auf 40 Fragen'. Los tres son intentos de justificar sus acciones.

Las reuniones en mi casa y más tarde en su retiro en Aumühle mostraron que Dönitz también había vuelto al hogar, pero mientras que para nosotros el regreso llevaba consigo un tiempo de introspección, de auto-evaluación y de retorno a la paz y a la verdad, Dönitz continuaría dando la impresión de una rigidez desesperada y un modo de pensar inflexible. Había vuelto, pero todavía vivía en el mundo que había dejado diez años antes. Yo pensaba en la mujer de Lot, volviendo la vista atrás y convirtiéndose en un pilar de sal.

Erich Topp.

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Febrero 2006.

Josep P. Carro (Pep U-236) - Oficina de Documentación y Servicios Históricos de la 24 Flotilla Geweih.