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albert speer

Speer

El arquitecto del Führer

speer y hitler

de arquitecto a ministro

Albert Speer nace en Mannheim el 19 de marzo de 1905. Cursa sus primeros estudios en el instituto de Heidelberg y posteriormente los sigue en el Politécnico de Munich, graduándose como arquitecto (al igual que su padre) en el Politécnico de Charlottenburg en 1927. En 1931 decide afiliarse al partido nazi y en un mitin conoce a Goebbels que le encarga la decoración de su nuevo domicilio, al propio Hitler le agradó la distribución del mismo y quiso que le presentasen al joven arquitecto. El primer encargo del partido lo recibe en 1932 y pronto comparte confidencias y proyectos con el Führer, accediendo a una posición privilegiada dentro del reducido grupo que forma su 'corte' personal. En 1937 es nombrado Inspector General de los edificios de Berlín y, en febrero de 1942, sustituye al fallecido Fritz Todt al frente del Ministerio de Armamentos y Municiones del Reich.

Bajo los intensos bombardeos aliados de 1944 Speer lleva a la maltrecha industria alemana a sus cotas más elevadas de producción, un auténtico milagro para alguien sin la más mínima experiencia como organizador, sin embargo en enero de 1945 dirige un dramático escrito a Hitler en el que da la guerra por perdida. Quizás la profunda simpatía del Führer por el arquitecto salva en ese momento su carrera y su vida. El 19 de Marzo del mismo año Hitler ordena la destrucción de las zonas industriales y de comunicaciones del país evitando así que caigan en manos del enemigo, Speer se opone firmemente a esta táctica de 'tierra quemada' y utiliza sus influencias para bloquear su aplicación, llega incluso a participar en ambientes conspiradores en contra del dictador alemán.

Curiosamente su relación personal con Hitler es buena hasta el final, el 23 de Abril de 1945 le ve por última vez despidiéndose ambos de manera afectuosa. Cuando Dönitz sustituye al Führer, Speer es el único jerarca nazi que conserva un puesto en el nuevo gobierno como Ministro de Economía y Producción. Los aliados le capturan en Glücksburg el 23 de Mayo y como acusado en Nuremberg es uno de los pocos que declara arrepentimiento por sus acciones, sin embargo esto no le libra de una condena de 20 años que cumple íntegramente en Spandau.

Albert Speer sale de la cárcel el 1 de Octubre de 1966 y vive con su esposa, Margherita Weber, en Heidelberg hasta su fallecimiento el 1 de Septiembre de 1981. Es autor de dos libros: 'Diario secreto de Spandau' y 'Memorias', precisamente de éste último extraemos el texto que sigue a continuación.

speer y hitler

Dönitz

"A Dönitz le conocí el mes de Junio de 1942, poco después de ser nombrado ministro de Armamentos, cuando era Comandante en Jefe de la división de submarinos. Me recibió en París, en un sencillo edificio de apartamentos que resultaba ultramoderno para los conceptos de entonces. Aquel ambiente sencillo me pareció muy acogedor, sobretodo porque yo venía de un opulento banquete, en el que me sirvieron muchos platos y costosos vinos, ofrecido por el Mariscal Sperrle, Comandante en Jefe de las fuerzas aéreas estacionadas en Francia, quien había establecido su cuartel general en el Palaix Luxembourg, al antiguo palacio de María de Médicis. El Mariscal no se quedaba a la zaga de su Comandante en Jefe, Göring, ni en cuanto a necesidad de lujo y representación ni en cuanto a corpulencia.

Durante los meses siguientes, Dönitz y yo nos vimos con frecuencia para tratar sobre el levantamiento de grandes refugios para submarinos en el Atlántico. Raeder, el Comandante en Jefe de la Marina, no parecía verlo con buenos ojos y, sin mayores rodeos, prohibió a Dönitz que tratara las cuestiones técnicas directamente conmigo.

A fines de Diciembre de 1942, el eficaz capitán de submarinos Shütze me dijo que se habían producido serias diferencias entre Dönitz y la Jefatura de la Marina, y que la división de submarinos sospechaba que su Comandante en Jefe iba a ser relevado al cabo de poco. Unos días después supe por el subsecretario Naumann que el censor de la Marina del Ministerio de Propaganda había tachado el nombre de Dönitz de los pies de las fotografías de un viaje de inspección que este había realizado con Raeder.

A principios de Enero de 1943 me hallaba en el Cuartel General; Hitler estaba irritado por las noticias aparecidas en la prensa extranjera sobre una batalla naval de la que el Alto Mando de la Marina no le había informado con suficiente detalle. En nuestra siguiente entrevista, derivó la conversación hacia la posibilidad de racionalizar la construcción de submarinos, aunque pronto mostró más interés por lo insatisfactorio de mi colaboración con Raeder. Le informé de que había prohibido a Dönitz tratar conmigo las cuestiones técnicas, de que los Oficiales estaban preocupados por su Comandante y de la censura de las fotografías. Como ya había observado, gracias a Bormann, que era preferible despertar sus recelos de forma cautelosa y que cualquier intento de influir en él de forma directa estaba abocado al fracaso, porque no aceptaba ninguna decisión que creyera que le había sido impuesta, me limité a dejar entrever que a través de Dönitz podrían eliminarse todos los obstáculos con que tropezaba nuestro programa de submarinos, aunque lo que en realidad pretendía era que destituyera a Raeder. Sabiendo con qué tenacidad solía mantener Hitler a sus viejos colaboradores, no abrigaba demasiadas esperanzas al respecto.

El 30 de Enero, Dönitz fue nombrado Gran Almirante y Comandante en Jefe de la Marina de Guerra, y Raeder fue rebajado a Inspector Almirante de la Marina, un cargo que tan sólo le aseguraba un entierro de Estado.

Con su argumentación técnica y su profesionalidad, Dönitz supo preservar a la Marina de la volubilidad de Hitler hasta el fin de la Guerra. A partir de entonces me reuní con él a menudo para tratar de los problemas que planteaba el refugio de submarinos. No obstante, esta colaboración comenzó de una manera disonante. Sin pedir mi consejo, tras recibir un informe de Dönitz, Hitler ordenó a mediados de Abril que se diera prioridad máxima a todo el armamento naval, cuando tres meses antes, el 22 de Enero de 1943, había calificado de objetivo prioritario el programa de tanques, que en consecuencia fue ampliado. De aquel modo, los dos programas se hacían la competencia. No fue necesario que me quejara a Hitler, pues Dönitz, antes de que se produjera una controversia, se dio cuenta de que la colaboración con el poderoso aparato armamentista del Ejército de Tierra le resultaría más ventajoso que las promesas de Hitler, y acordamos enseguida poner bajo mi competencia la producción del armamento de la Marina. Le garanticé que se cumpliría el programa que reclamaba: en lugar del máximo mensual alcanzado hasta el momento, que era de veinte submarinos de un modelo pequeño, que en total desplazaban 16.000 toneladas, en el futuro deberían producirse cuarenta, que desplazarían más de 50.000. También se acordó doblar la fabricación de dragaminas y lanchas rápidas.

Dönitz me explicó que la única forma de evitar que la guerra submarina quedara interrumpida era construir un nuevo tipo de submarino. La Marina deseaba desprenderse del ‘buque de superficie’ utilizado hasta entonces, capaz de navegar sólo ocasionalmente bajo el agua, y sustituirlo por otro que pudiera alcanzar una velocidad submarina superior y que tuviera más autonomía, para lo que habría que darle una forma completamente hidrodinámica, duplicar la potencia de los motores eléctricos y multiplicar la capacidad de los acumuladores de energía.

Como ocurre siempre en estos casos, lo más importante era encontrar a la persona adecuada para ocuparse de aquella misión. Elegí a un suabo, Otto Merker, que hasta ese momento había hecho méritos construyendo coches de bomberos: era una auténtica provocación para todos los ingenieros navales. El 5 de Julio de 1943, Merker expuso su nuevo sistema constructivo al Alto Mando de la Marina. Igual que se hacía en Estados Unidos para producir los buques Kayser en serie, nuestros submarinos serían construidos por partes en el interior del país, donde recibirían todo el equipamiento mecánico y eléctrico necesario, y después serían montados en muy poco tiempo (de once meses y medio en construir uno se pasaba a dos meses) . Así se eludía la necesidad de construir astilleros, lo que había constituido el mayor obstáculo para la ampliación del programa de construcciones navales. Dönitz, casi emocionado, declaró al final de esta reunión: ‘Ahora comenzamos una nueva vida’.

Pero por el momento lo único que teníamos era una idea de cómo iban a ser los nuevos submarinos. Para desarrollarlos y definirlos con detalle se nombró una comisión cuya presidencia, en contra de lo habitual, no recayó en un ingeniero, sino en el Almirante Karl Topp, que fue nombrado por Dönitz sin que tratáramos siquiera de dilucidar las complicadas cuestiones jurisdiccionales que eso planteaba. La colaboración entre él y Merker fue tan harmoniosa como la que había entre Dönitz y yo.

Unos cuatro meses escasos después de la primera reunión de la Comisión de Construcciones Navales, el 11 de Noviembre de 1943, todos los planos y diseños estaban terminados. Un mes después Dönitz y yo pudimos examinar una gran maqueta de madera del nuevo submarino de 1.600 toneladas. La industria recibió el encargo de empezar a construir algunas secciones antes incluso de que se concluyeran los planos: un procedimiento que ya habíamos empleado con éxito en la fabricación de los nuevos tanques Panther. Solo así fue posible que en 1944 la Marina pusiera a prueba los primeros prototipos. Habríamos cumplido nuestra promesa de suministrar cuarenta submarinos mensuales durante el primer trimestre de 1945, a pesar de las catastróficas circunstancias, si los ataques de aviación no hubiesen destruido una tercera parte de los buques que había en los astilleros.

En aquel entonces, Dönitz y yo nos preguntamos a menudo qué había impedido construir antes el nuevo tipo de submarinos, en el que no se empleó ninguna innovación técnica, ya que sus fundamentos se conocían desde hacía años. Según aseguraron los expertos, con los nuevos submarinos habríamos iniciado una nueva serie de éxitos en la guerra bajo el agua, y la Marina americana ratificó este parecer después de la guerra, al incorporar el nuevo modelo a su programa de fabricación ".

Albert Speer - "Memorias", 1969.

odsh

Febrero 2006.

Josep P. Carro (Pep U-236) - Oficina de Documentación y Servicios Históricos de la 24 Flotilla Geweih.