Oehrn
En la sombra

El servicio submarino alemán de la segunda guerra mundial, la U-bootwaffe, estaba constituido por hombres que tenían en común rasgos claramente identificables. Al menos, los más conocidos se distinguían por poseer una fuerte personalidad, determinación o actitud, al margen de sus inclinaciones políticas, religiosas o morales. El lector encontrará que todos ellos, sin excepción, estaban dedicados en cuerpo y alma a la consecución de sus objetivos, tal vez permitiendo que en algunas ocasiones la individualidad se difuminase en beneficio del arma. Sin embargo, todos ellos son merecedores de atención especial, a cada apellido le corresponde un submarino en concreto, un hundimiento o una pequeña porción de la fama que ha sobrevivido a través de décadas. Lamentablemente, por diversas circunstancias, incluso algunos de estos hombres han quedado en un segundo plano, tal vez olvidados, quizás ocultados por aquellos que adquirieron renombre gracias al trabajo de estos desconocidos. Mediante este articulo, la ODSH pretende que uno de estos oficiales sin nombre se adelante hasta la primera fila, colocándose a la altura de Kretschmer, Oesten, Topp, etc., como representación también de todos aquellos que, aun teniendo rostro y excelentes servicios prestados, rara vez aparecen en libros de historia. Sencillamente, esperamos que el nombre de Victor Oehrn le sea tan familiar al lector como el de otros ases.
Las primeras sospechas de la importancia de este oficial vienen del propio Dönitz, el cual relaciona a Oehrn con uno de los sucesos más conocidos de la lucha submarina: Scapa Flow. "Recuerdo que mientras me planteaba a mi mismo una vez mas el problema, me senté un día ante la carta geográfica de Scapa. Entonces se cruzó mi mirada con la del oficial de Operaciones del Estado Mayor del Almirantazgo, agregado a mi Estado Mayor, el capitán de fragata Oehrn, hombre de extraordinaria concentración en su manera de ser y sus ideas. Oehrn me dijo con el tono de convicción y de firmeza que le era peculiar: creo que, a pesar de todo, puede hallarse una posibilidad para entrar". Este es el punto de partida de esta sección. Pero, ¿Quién era Oehrn? ¿Qué participación tuvo en el asunto de Scapa Flow? La investigación nos ha llevado a enlazar su nombre con la crisis de los torpedos, que el lector recuerda a partir de las operaciones en Noruega. Mas aun, hemos descubierto una historia personal que merece ser anotada, doblando tal vez la valía de este oficial.
La información sobre Oehrn es bastante escasa. Esto es lo que la ODSH ha podido encontrar y esperamos que el lector encuentre interesante la información o que desee ampliarla.
La infancia de Oehrn tuvo que ser particularmente difícil. Con este termino, auslandsdeutscher, se conocía a todos los ciudadanos nacidos fuera de Alemania. El ambiente para Oehrn era hostil. Cuando nació en el 1907, su padre trabajaba en una fábrica perteneciente a Siemens en el Caucaso. El joven Victor no vería Alemania hasta que tuvo catorce años. La revolución bolchevique de 1917 alcanzaría también a la familia Oehrn. Viviendo entre rusos, armenios y tártaros, la familia fue clasificada como burguesa, con lo cual su futuro era más bien incierto. Obligados a mudarse volvieron a Berlín en 1921. Victor Oehrn recordaría esto como una aventura, especialmente para alguien tan joven. Adquirió un conocimiento adecuado de la mentalidad rusa y de la fe islámica. ¿Es posible que esto influyese de algún modo en él?. Como todos los provenientes del Caucaso, desarrolló odio hacia el comunismo, aunque recuerda que solo hacia los bolcheviques, que, según Oehrn, eran “extraños con nombres rusos.” Unido a esto, un fuerte sentimiento nacionalista crecía en él, viendo tal vez Alemania como el hogar que quedaba lejos mientras vivía en un entorno de naturaleza completamente distinta. Oehrn fue uno de los cuatro intérpretes rusos que sirvió en la Kriegsmarine. Como el lector sabrá o imaginará, según el caso, no es este el único trabajo que llevó a cabo.
De aquellos años Oehrn recuerda el Tratado de Versalles, algo "estúpido, sin miras, injusto y discriminatorio". El lector tendrá que entender la forma de pensar de Oehrn. Este tratado dejaba a Alemania desprotegida y Oehrn sabía lo que era vivir sin defensas. "Lo había vivido personalmente", explica Oehrn, "... y quería hacer mi parte para cambiar eso". Cuando Weddingen hundió los tres destructores, Oehrn solo tenía seis años. Cualquier chico alemán sabría de la importancia de este acto. Oehrn tendría otras preocupaciones. Pero a la ODSH le llama la atención este detalle. Un año antes de que se publicase "Raiders of the Deep", Victor Oehrn entraba en la Reichmarine. Con "Raiders of the Deep" la bibliografía U-boot adquiría una de sus pequeñas joyas. Con Victor Oehrn, la U-bootwaffe ganaba un hombre crucial para dos momentos de su historia. Era en 1927.
Muy poco podemos aportar sobre los primeros pasos profesionales de Oehrn. Los siguientes cinco años de su formación no deben haber sido muy diferentes de cualquier otro oficial, más aun en una marina reducida y monótona. Si sabemos que acabó su formación en el 1930 y que pasaría dieciocho meses sirviendo en el crucero ligero Königsberg, donde ascendería a Leutnant Zur See en 1931. Para este año, tal vez sus habilidades para el trabajo de Estado Mayor comenzarían a desarrollarse, aunque esto supusiese una cadena sin fin de pequeños detalles y la inevitable perdida de nombre. Más importante que esto, lo que si podemos decir es que es en este periodo donde adquiere conocimientos sólidos sobre operaciones con torpedos y minas, comunicaciones, artillería naval y navegación. Seguramente, sus conocimientos en lucha submarina quedarían limitados al contenido de una pizarra y apuntes. Solo teoría, es cierto, pero el lector comprobará que Oehrn sabía transformar estos estudios en operaciones militares efectivas.

Es posible que su talento para liderar fuese del agrado de sus superiores. En Septiembre del 1932 es asignado a la base de entrenamiento básico en Dänholm. Pasado medio año, como Kompaniechef, oficial de una compañía de reclutamiento y entrenamiento, daba la bienvenida a los miembros de la promoción numero 33. No es necesario recordar que comandantes salieron de esta promoción, Henke, Suhren, Lüth, Hardegen... pero si quisiéramos que se tuviera en cuenta que de estas promociones salían los futuros comandantes, además de personal especializado como técnicos, ingenieros, médicos o expertos en construcción naval. A todos ellos Oehrn ya tenía algo que ofrecerles: veteranía. ¿Es posible que Oehrn se sintiese mejor como planificador, como responsable de las misiones que otros comandantes llevarían a cabo?. Es mas, ¿qué pensaría Oehrn al ver que muchos oficiales adquirían notoriedad por sus patrullas, patrullas que fueron ordenadas por hombres como Oehrn?. Uno solo piensa en Dönitz como responsable de las directrices generales de la guerra submarina, pero tiene cierto atractivo el imaginarse a oficiales como Oehrn, sentados en sus despachos, en el anonimato, entre informes de patrullas, tomando decisiones que harían a otros lucir condecoraciones... aun es pronto para esto, pero ya resulta inquietante que Oehrn tomase parte en la instrucción de los futuros comandantes.
No será este el lugar para hablar del entrenamiento al que eran sometidos los nuevos comandantes. Como dato, diremos que por estos años el proceso constaba de cinco pasos: dos meses de entrenamiento básico como infantería, tres en navegación, un crucero, nueve meses de clases teóricas y un periodo de prueba después del proceso de formación y antes siempre de la entrada en servicio. Las promociones antes de Oehrn pasaron por este proceso, la de Oehrn, también, y las de después, por periodos más cortos a medida que la guerra marcaba el ritmo. Dänhlom era la primera parte del entrenamiento, conocido como "Infanteristische Ausbildung", el entrenamiento básico ya mencionado. Es una isla pequeña, en la costa báltica de Alemania del este, entre la ciudad portuaria de Stralsund y la Isla de Rugen. En cierto modo resulta inhóspita, pero adecuada para la tarea asignada. Transformar civiles en eficientes soldados. Para algunos de ellos, como Oesten, suponía la apertura de un nuevo periodo en la vida. Oehrn, seis años mayor que Oesten, tenia su cometido bien definido: "Es el deber del comandante formar y fortalecer el espíritu y la moral de los jóvenes reclutas. Uno no puede hacer esto con buenas palabras... sino con un ejemplo personal sobresaliente. ¡ En el entrenamiento de los cadetes, este deber es del mas alto significado e importancia... un deber excelente e importante !". El lector debe permanecer atento en este punto. Dänhlom se organizaba en compañías y pelotones, con oficiales de distinta graduación asignados al entrenamiento de los cadetes en diferentes aspectos. Sin embargo, era como cualquier campo de entrenamiento: el cadete que no resistía era expulsado. Podemos sugerir al lector las memorias de Schaeffer, "U-977", donde encontrara las vivencias de este comandante a su paso por Dänhlom. Sin duda, se sorprenderá por la dureza de los entrenamientos.
Oehrn solo era el primer filtro, un filtro de un poro muy reducido. La mayor parte de los cadetes completaban su entrenamiento en esta isla. Nudos de camaradería se formaban entre los posibles comandantes con la idea en común de aguantar las pruebas como una sólida comunidad. Como más tarde tendría que hacerlo la tripulación de cualquier u-boot.
En Agosto de 1934, Oehrn prestaría un juramento al igual que lo hicieron todo el personal de las tres armas alemanas. Nadie era capaz de predecir lo que este acto traería consigo. No era un juramento a una bandera, ni a un país, sino a un único individuo "...a Adolfo Hitler, el Führer del Reich y del pueblo alemán, el comandante supremo de las Fuerzas Armadas". Era el conocido Fahneneid. Para bien o para mal, Victor Oehrn ya estaba formalmente comprometido con Hitler. Otra vez, vemos que es imposible separar la historia u-boot del nacional socialismo. En este mismo año le ofrecieron a Oehrn prestar servicio en la U-bootwaffe. Sorprendentemente, contesto con un tajante no. No estaba dispuesto a pasarse varios años en un submarino, con un montón de reglas que seguir... no, él preferiría un mando un tanto independiente. En cualquier caso, no parece que le diese mucha importancia al asunto... total, en este año el arma submarina alemana no representaba nada... aun.
El lector tendrá que recordar en este punto la situación de la U-bootwaffe en aquellos años. Quizás recuerde como Hadley en “Count not the dead” comenta que los viejos héroes de la primera guerra mundial, Weddigen, Arnauld, Hersing, etc, estaban siendo rescatados del olvido a medida que el nacional-socialismo se consolidaba. Eran de nuevo héroes. Las flotillas adquirían nombre de los antiguos ases, como la Weddigen, mientras que los submarinos que tenían numerales de famosos submarinos de la primera guerra eran considerados como traditionsboote. Tal vez estos ases tendrían influencia a nivel particular en los nuevos comandantes, pero la realidad era que estaban siendo echados a un lado de una manera educada. Para Victor Oehrn, su época había pasado. "Respetábamos mucho a estos viejos capitanes", recuerda Oehrn, "...pero sabíamos que su tiempo había pasado. Por supuesto, me encontré con muchos de ellos, pero hay una gran diferencia entre ases de u-boot y oficiales del estado mayor... Arnauld de la Periere, Fürbinger, Valentiner... todos me impresionaron, ¡ pero estábamos en un nuevo comienzo !". El lector notará como el respeto por la tradición también está presente en Oehrn, pero, como hombre de pensar clarividente, su mente estaba puesta en el futuro.
Dönitz quería oficiales jóvenes para sus u-boote. Personal que no viviese en el pasado, que no recrease las viejas glorias, solo leales a él mismo. Tal vez este sea el comienzo de la aclamada independencia de la U-bootwaffe. Sin duda, uno de los primeros sorprendidos fue el propio Oehrn. No sabemos como se produjo el cambio de opinión, como ingreso en el arma, pero si sabemos a ciencia cierta que en 1935 fue escogido como comandante del U-14. El lector debe percatarse de la astucia de Dönitz al seleccionar sus oficiales. Nadie del staff de la flotilla Weddigen o de los comandantes tenía experiencia en submarinos. Los ases de la primera guerra mundial eran solo un asunto de los libros de historia. El resultado era un grupo compacto terriblemente leal a Dönitz. El propio Oehrn oyó decir a uno de sus miembros que lo seguirían hasta "el mismo infierno". Nadie discutiría su forma de hacer las cosas. La U-bootwaffe había renacido con un nuevo líder al frente.
Los entrenamientos para la recién constituida Weddigen empezaron tan pronto como fue posible. "Hacíamos ejercicios en la ensenada de Mecklenburg debido a su profundidad. Hacíamos ejercicios de lunes a viernes, ejercicios diurnos, ejercicios nocturnos, ejercicios hasta el límite de nuestras fuerzas emocionales y físicas. Dönitz supervisaba todo esto, generalmente desde el puente de nuestro buque nodriza Saar". Oehrn recuerda que a Dönitz le gustaba decir que si la guerra estallase, sus hombres no recordarían nada peor que la ensenada de Mecklenburg. La moral estos días era elevada. ¡Estaban en un nuevo comienzo!. Cuando tenían un momento de descanso, Oehrn recuerda como leían "Raiders of the deep", de Thomas Lowell, la famosa novela que esperamos incluir en nuestra sección bibliográfica. A petición de Hans-Günther Looff, los doce comandantes mandaron un telegrama a la editorial británica que publicó la novela. El mensaje del telegrama era claro, sencillo y directo. "Hemos vuelto". Y Oehrn participaría en dirigirlos.
Weddigen y el HMS Aboukir. Este es uno de los primeros hundimientos notables de la Primera Guerra Mundial. La amenaza estaba ahí, latente, tal vez el enemigo observaría con ojos nerviosos el oleaje, pensando que individuos como Weddigen estaban listos para enviarlos al fondo del mar. Fue un acto significativo que tendría su continuación en la segunda contienda, basado también en la audacia, el atrevimiento: la incursión de Scapa Flow.
Nuevamente, la falta de información nos deja una laguna en el historial de Oehrn. Lo encontraremos en Agosto de 1939, en Sengwarden, en los suburbios de Wilhelmshaven. Pero ahora es un Erster Admiralstaboffizier, segundo responsable de las operaciones con los u-boote, con un despacho en el FdU. Es un pequeño grupo de oficiales del que Oehrn forma parte, cada uno asignado a una misión en concreta. De manera no oficial, a Oehrn se le conoce como "A1", los movimientos de los submarinos son, principalmente, tarea suya. El lector debe saber que es el tercero en importancia, después del mismo Dönitz y Eberhard Godt. El mismo Dönitz lo llamó con urgencia dados los acontecimientos de primeros de septiembre del mismo año. Alemania no se retiraría de Polonia, lo cual llevaría a Inglaterra a entrar en el conflicto. Los u-boote tendrían la oportunidad de transformar sus entrenamientos en patrullas eficientes. Para la U-bootwaffe la contienda se reduce a un principio muy sencillo: Alemania contra Inglaterra, todo ello bajo los acordes del Englandlied.
Los acontecimientos se sucedieron vertiginosamente. El Kapitänleutnant Fritz-Julius Lemp, al mando del U-30, hundió el Athenia. La vergüenza caería sobre la U-bootwaffe. Goebbels intentaría justificar el hundimiento tachándolo de sabotaje mientras que Dönitz borraría toda mención en el KTB. Poco después, Schuhart en el U-29 burló la escolta del HMS Courageous, hundiéndolo. Esta vez se trataba de un acto militar limpio, cumpliendo las reglas. Pero Scapa Flow ayudaría a moldear definitivamente la imagen del comandante de u-boot en la opinión pública, una imagen que permanecería durante toda la guerra y décadas después, tal y como el lector puede comprobar.Scapa Flow era considerado el fondeadero mas seguro para la flota británica, de hecho, era considerado impenetrable. En dos ocasiones un u-boot intentaría la entrada, pero sería destruido. Dönitz planteó el problema a su staff en 1939, había que encontrar una solución.

Fue Victor Oehrn el que primero vio la entrada hacia el interior de Scapa Flow, quizás durante un examen de las fotos del reconocimiento aéreo sobre las islas de Pomona y South Ronaldsay. Solo había dos pasos estrechos, Kirk Sound hacia el norte y Stronsay Firth en el sur. Los obstáculos los constituían barcos hundidos, llenos de hormigón y unidos mediante pesadas cadenas. Ningún submarino podría entrar sumergido sin colisionar con una de esas moles. Oehrn veía las entradas, pero advertía los obstáculos. Descarto Stronsay Firth, definitivamente cerrado. Pero observó un paso de casi cincuenta pies entre dos barcos hundidos en Kirk Sound. Un comandante hábil, respaldado por una corriente favorable podría deslizarse dentro y salir del mismo modo. A el no le preocupaba lo que el comandante pudiera hacer una vez dentro. Como hombre habituado a los detalles, sabia que había muchos factores envueltos entre el fondo de Kirk Sound y la luna que posiblemente iluminase el escenario. Esto era lo que mantuvo a Oehrn despierto en su despacho hasta altas horas de la noche.
El lector verá que atribuimos la planificación del ataque a Oehrn. ¿Qué pruebas podemos aportar?: la cita de las memorias de Dönitz ya es un indicio interesante. Hemos visto también el cargo que desempeñaba Oehrn, lo cual le daba la autoridad para decidir sobre cuestiones importantes. Sobre este incidente, Oehrn escribió en sus memorias navigare neccesse Est: "…por medio de estudiar las cartas y los Seehandbücher (almanaques, datos sobre corrientes y mareas) y el primer juego de fotos del reconocimiento aéreo aportado por la Luftwaffe fui capaz de encontrar una solución realista". También, en una carta de Agosto de 1991, dirigida al escritor Jordan Vause, a quien el lector ya conoce por sus excelentes trabajos, Oehrn recordaba: "Ciertamente llegué a estar muy envuelto, desde la idea hasta la planificación, pero el hecho en si corresponde a Prien y la responsabilidad a Dönitz".
Si tal fue la participación de Oehrn en el asunto de Scapa Flow, ¿por qué siempre ha permanecido al margen? La respuesta tal vez sea sencilla, pero significativa: "un oficial de staff no tiene nombre". Era una de las frases favoritas de Oehrn, que atribuía a Heltmuth von Moltke. No contiene en si ningún sentido negativo, mas bien, implicaba que todo lo que hacia lo hacia por el hombre a quien servia, el propio Dönitz. Este es el motivo por el cual siempre fue Dönitz el que recibió los créditos por la operación. Oehrn, leal, modesto, consciente de su trabajo, no tuvo inconveniente en que fuera así. El lector sabe que este punto de vista no es tan descabellado. Concordará con la ODSH en que la historia de la U-bootwaffe tiene como protagonistas principales a Dönitz y a los grandes ases, mientras que miles de hombres que trabajaron con el mismo empeño y decisión, que también tienen historias que merecen ser oídas, solo son unos simples desconocidos. Es como si los submarinos solo estuviesen tripulados por su comandante, como si Dönitz fuera el único que los recibía en los muelles. Entre medias, especialistas de todo tipo tuvieron su participación en la puesta a punto de los u-boote, proporcionando los medios para que las líneas generales con las que Dönitz dirigía la lucha se transformasen en hundimientos y condecoraciones. Oehrn estaba entre estos hombres sin nombre. Esta es la opinión que mantenemos en esta sección.
No nos ocuparemos aquí de Prien, el elegido para llevar a cabo la incursión, ni tampoco de la incursión en si misma ni de las repercusiones que tuvo. No obstante, el lector encontrará muchos artículos en Internet sobre el suceso. Podrá disponer de las memorias de Prien, aunque estas son de escaso valor. Quisiéramos recomendar el capitulo sexto del libro "Battle beneath the waves", de R. C. Stern, donde hay un completo análisis de la incursión, un análisis equilibrado y revelador que se aparta de la popularidad que siempre rodea al nombre de Scapa Flow. Oehrn consiguió lo que quería, un acto militar que supuso la perdida para los británicos del Royal Oak. Su participación en el suceso le valió la Cruz de Hierro de Segunda Clase. Irónicamente, Oehrn aceptó la condecoración por respeto a Dönitz, pues pensaba que estos galardones solo debían conseguirse en el frente, algo que aun no había experimentado. El astuto Dönitz sabría sacar provecho de este incidente. Sus submarinos acaparaban la atención del pueblo alemán.
Para cerrar este episodio, emplearemos unas palabras de Oehrn que esperamos el lector tenga en mente cada vez que piense en Scapa Flow: "La idea misma, como llevar a cabo la operación, como entrar, como sacar ventaja a la oportunidad, fue mía. En retrospectiva, todo parece muy fácil. La parte dura era la ejecución y el crédito justamente pertenece a Prien. Pero nada funciona sin una idea. La idea es la parte más importante".
Los meses que sucedieron a Scapa Flow fueron relativamente tranquilos, Gran Bretaña reconocería la amenaza u-boot pero no la consideraría crítica. Mientras, Oehrn siguió trabajando en su despacho, tal vez dividido entre la satisfacción que producía el trabajar para el hombre que admiraba, Dönitz y el deseo de tomar el mando propio de un submarino. Su Cruz de Hierro era motivo de un nuevo incidente, ya que Dönitz mismo expresó su decepción al no verla en su cuello. Esta situación se podría haber prolongado lo que quedaba de guerra, si no fuera por que esta ultima alteraba sin previo aviso el destino de muchos hombres, tal y como algunos ases desaparecerían mas tarde con su submarino de forma súbita. La invasión de Noruega por los alemanes, éxito para sus fuerzas de tierra y fracaso para la Kriegsmarine, traería consecuencias inesperadas para Oehrn. Nos gustaría saber como Oehrn planificó la actividad de los U-boote, asignados a proteger las unidades de invasión y cortar las líneas de suministros al enemigo. Oehrn estimaba que una tercera parte de las unidades de la marina británica podrían sufrir daños. Las medidas antisubmarinas eran primitivas y los comandantes y capitanes de navíos, portaaviones y escoltas se paseaban como si los submarinos alemanes no existiesen. Mientras, una nueva generación de hombres como Prien, entrenados y mortales, estaría al acecho. Aparentemente, la operación desde el mar debía llevarse a cabo sin incidencias.
El lector sabe lo equivocado que estaba Oehrn: los submarinos hicieron más de cuarenta ataques sobre barcos aliados, los cuales resultaron en un absoluto fracaso. Peor aun, cuatro submarinos no volvieron a casa. Los lobos grises estaban perdiendo sus dientes.
¿Dónde estribaba el fracaso?. La misma fuente que proporcionaba la base de la u-bootwaffe supuso en este caso también su debilidad. La aclamada tecnología del u-boot, con su tripulación terriblemente especializada, esta vez fallaba al no proporcionar unos torpedos fiables. Los comandantes se sentaban en sus submarinos, con distintos grados de depresión, mientras que el resto de la tripulación veía el fracaso final cada vez mas cerca. ¿Para que ir al frente, si los torpedos eran inútiles contra el enemigo?. La situación fue tan critica que el mismo Dönitz tuvo que visitar personalmente cada submarino y explicar a la tripulación qué había pasado, prometiendo que la situación se resolvería en breve. Pero el mismo Dönitz sabia que esto no era suficiente. El consejo de guerra a los responsables de los torpedos tampoco solucionaría el problema. El lector recordará la preocupación de Dönitz: "A esta inseguridad mía en cuanto a la situación general venia a sumarse mi falta de confianza en la eficacia de los torpedos y la cuestión si las tripulaciones submarinas habían superado ya del todo el fracaso deprimente de la operación de Noruega". Tenia que hacer algo más convincente, algo definitivo, algo que sirviera de ejemplo a sus hombres... y Victor Oehrn era, nuevamente, la herramienta adecuada. ¿Cuánto tiempo llevaría a un comandante inactivo volver a entrenarse para tomar el mando de un u-boot con destino al frente?. Esta es la pregunta que hizo Dönitz a Oehrn. Este último no se lo pensó demasiado, y estimó que cinco días serian suficientes. Después se le informó que él mismo era este comandante y el submarino, el U-37. "Pero puede tener mas de cinco días. Tómese el tiempo que necesite", le dijo Dönitz.
El lector debe sopesar la tarea que se le encomendaba a Oehrn. Un oficial del staff, antiguo comandante, debía abrir una nueva campaña, la primera desde la operación de Noruega, debía hundir tantos barcos enemigos como le fuese posible, demostrando al resto de los comandantes que, incluso un oficial acostumbrado a los despachos, podía ser capaz de utilizar los torpedos de una manera eficaz. Debía devolverles la confianza en si mismos y en sus torpedos. La pregunta es inevitable: ¿Por qué Dönitz escogió a un hombre como Oehrn?. En primer lugar, Oehrn no estaba afectado por el sentimiento general de pesimismo que reinaba en la flota. Por otro lado, sabia perfectamente qué era lo que se esperaba de él y, por ultimo, sin sentimentalismo, el lector verá que Dönitz enviaba a uno de sus "hijos predilectos" al frente. Ningún comandante podría objetar nada a esto.

La tripulación del U-37 era experimentada. Ya tenía un excelente registro bajo el mando de Hartmann. Oehrn sacaría el U-37 para hacer unas maniobras... que tal vez la tripulación no necesitaba, pero él si. El 15 de Mayo, con las palabras escritas en ingles "Westward Ho !" bien visibles en la torre del U-37, zarpaba hacia el Atlántico Norte. Solo había tomado cinco días.
Entre las primeras cosas que descubrió Oehrn estaba la diferencia abismal que existía entre su trabajo en el staff y el mando real en un submarino. En su despacho todo correspondía a una rutina programada, a ideas que se suceden sin interrupción, mientras que la realidad en el frente es bien distinta. Solo un oficial con experiencia real sabía lo que era el frente, un conocimiento adquirido a partir de la propia experiencia. Oehrn tuvo que aprender esto con más o menos dificultad. Por ejemplo, el segundo día de patrulla, tuvo que decidir entre salir al Atlántico a través de la ruta del manual, entre las islas Orkney y Shetland, o tomar una ruta más larga pero más segura al norte de las Shetland. Como responsable de operaciones, sugeriría el primer paso. Ahora estaba en el mar y seguía las órdenes que el mismo dictaba para otros comandantes. Así pues, optó por el primero. El tercer día, el U-37 era avistado y atacado por un aparato británico, al oeste de Fair Island. El resultado es que casi pierde su submarino. Como conclusión, en adelante, todos los submarinos seguirían la segunda ruta. No sería esta la primera nota mental que tomaba. Estaba aprendiendo. A partir de entonces, los submarinos debían optar por la ruta más segura.
La primera victima del U-37 caería cuatro días después de dejar Wilhelmshaven, era el Erik Frisell. Durante la siguiente semana dañó un segundo barco y hundió un tercero. En dos de estos ataques, Oehrn empleó los torpedos eléctricos que fueron utilizados en Noruega. Su comportamiento no fue del todo satisfactorio, de hecho, el Erik Frisell fue hundido con la artillería de cubierta. En su tercer ataque, sobre el vapor griego Kyma, Oehrn emplearía torpedos del tipo G7a, de contacto, y funcionaron perfectamente. Los resultados que extrajo de los ataques, junto con el tonelaje, fueron enviados a Wilhelmshaven. El resto de la patrulla fue bien por un par de semanas más, pero, inevitablemente, la falta de experiencia pasaría factura sobre Oehrn. No afectaría a su tripulación, tampoco a su submarino, pero difícilmente lo olvidaría. Nuevamente, la realidad era distinta.
Hacia el noroeste, a doscientas millas de la costa española, Oehrn daba caza al mercante británico Sheaf Mead. Antes de disparar, Oehrn vio que el barco iba armado y estaba pintado del mismo color gris que los buques de guerra. Tal vez la advertencia de Dönitz de que había cruceros auxiliares británicos por las cercanías de Vigo era cierta. El barco empezó a hundirse, con la proa bien en lo alto y de repente explotó. La mayor parte de la tripulación ya había abandonado el barco, pero Oehrn recuerda a algunos que no lo hicieron a tiempo. "Dos hombres, puedo verlos ahora, salieron volando por los aires, en grandes arcos, para caer al agua". Decidió acercarse a los salvavidas, para solicitar información y prestar socorro. Pero los supervivientes se mostraron hostiles. "No contestaron a mi pregunta sobre el nombre del barco", recuerda Oehrn, "...nos miraban con ira, no pudimos ayudar. El tiempo y lo peligroso del área impedían cualquier tipo de rescate. Me di la vuelta y partí". El lector puede imaginarse que es lo que esperaba Oehrn de los supervivientes, pero tiene que tener en cuenta que Oehrn recordaba las historias de los grandes ases de la primera guerra, donde se producían agradables encuentros entre las victimas y los comandantes, con perdones, ayudas, asistencia médica, información de la costa mas cercana y todo eso que contribuía a una imagen idealizada del u-boot. Sin embargo, Oehrn comprobaría qué equivocado estaba. El incidente no tuvo mas importancia que el de las rutas de acceso al Atlántico norte, pero quedó grabado en la memoria de Oehrn: "Todo ese asunto me había conmovido profundamente y lo describí en mi diario quizás mas detalladamente que lo normal. Colóquese usted en el lugar de un comandante que no esta acostumbrado a la guerra. ¡Que dureza debe tener para seguir sus ordenes y llevar a cabo su misión".
Nos gustaría emplear este incidente y la impresión que produjo en Oehrn como excusa para ensalzar la personalidad de nuestro personaje, pero el lector concordará en que es un error. Sencillamente, Oehrn no era un comandante maduro, o bien olvidaba que objetivo final tenia su trabajo. Por esas mismas fechas, otro as de u-boot, Lüth, había hundido tres barcos, a final de mes habría completado dos patrullas, y escapado de una muerte casi segura a manos de destructores británicos en las costas de Norfolk, todo ello en el U-9. Como Oehrn era el "elegido", Lüth recibió poco crédito por sus patrullas. Pero la diferencia estaba en que Lüth no hace ni la más mínima mención al estado de sus victimas, ni expresa su deseo de hablar con ellos, ni siente remordimientos por su situación. Para Lüth era una cuestión de "ellos o nosotros". Oehrn, o no había visto la guerra de cerca, o tenía una percepción equivocada de ella.
El incidente del Sheaf Mead se recordó en los juicios de Nuremberg como otro ejemplo más de la brutalidad nazi. Como respuesta, Dönitz alegó que el barco "probablemente no era un mercante, sino un barco-trampa para u-boote", que en cualquier caso el barco estaba fuertemente armado y que Oehrn actuó bajo esta sospecha, con lo cual el hundimiento estaba completamente justificado. Dönitz no condenó, en cualquier caso, la actitud de Oehrn, quien sin poner en peligro su propio submarino "pudo haber ayudado".
El resto de la patrulla que duró cuatro semanas transcurrió satisfactoriamente. Oehrn llego a Wilhelmshaven el 6 de junio de 1940. En el saco, 41.000 toneladas, un excelente registro que Dönitz se apresuró a exprimir al máximo. Oehrn recibió la Cruz de Hierro de Primera Clase mientras que otros miembros de la tripulación recibían condecoraciones menores. A pesar del deseo de Dönitz, la prensa difundió rápidamente las noticias: "El Westward Ho ! vuelve", según aparecía en el Nordische Rundschau del 12 de Junio, "El informe de que un submarino alemán vuelve de nuevo de una patrulla exitosa nos alcanza desde el mar. ¡El submarino está a la vista! ¡diez esta vez! y la mirada de todo el mundo se posa en los pendones sobre la torre. ¿Esta vez? Si, este submarino, en cuya torre orgullosamente están escritas las palabras Westward Ho! vuelve de su quinta patrulla con éxito. ¡ El submarino ha hundido 41.000 toneladas y establece un nuevo record, para un único submarino, de 150.000 toneladas !".
En muchos sitios se atribuye a Oehrn la ruptura de la mala suerte. Pero el lector dirá, y con razón, que en parte se debe al progreso general de la guerra, en este momento, a favor de Alemania. Francia a punto del colapso, los ingleses retirándose de Dunquerque, solo un soldado alemán podía sentirse orgulloso y, como no, especialmente uno de la U-bootwaffe. En cualquier caso, la confianza fue devuelta al interior de los submarinos, tal vez Oehrn rompiese el Schicksal, el destino inevitable, que en el fondo de reducía a un problema técnico en los torpedos. "El maleficio se había roto", escribió Dönitz, "...la potencia del arma submarina quedaba demostrada nuevamente. Mi convicción no había resultado equivocada. Se sobreentiende que mi agradecimiento al comandante del U-37 por su hazaña fue muy grande. Porque el también sabía calibrar cuanto dependía de su éxito o su fracaso".
Con la vuelta de Oehrn comienzan los tiempos felices para los u-boote. Oehrn había cumplido su misión, pero al mismo tiempo había aprendido algo muy valioso, que la única realidad de la guerra se encontraba en el frente, una realidad, que, como veremos, para este comandante tenia reservado algo desagradable.
El uno de Agosto de 1940, Oehrn zarpaba en su segunda patrulla. Seguramente, para él las circunstancias eran favorables, con un submarino afamado y una tripulación experimentada. Sin embargo, por esas mismas fechas otros comandantes empezaban a vislumbrar el irremediable destino que esperaba a la U-bootwaffe unos pocos años tarde. No sabemos por ahora que opinaba Oehrn sobre las perspectivas de futuro para Alemania, pero si sabemos el espíritu con el que comenzó su nueva patrulla: "El escolta toma posición delante de nosotros. Conseguimos tres hurras de aquellos que quedan en el muelle. La banda toca una estrofa del Deutschlandlied, luego otra del Englandlied... y entonces, ya que Francia acaba de rendirse, esa canción inglesa sobre el Westwall: 'Colgaremos nuestra colada en la Linea Sigfrido'. Finalmente, aquí viene el punto en el cual el escolta regresa y desde ahora en adelante, estamos solos con Dios”.

La moral, como el lector mismo sabe, era enormemente alta en esas fechas. Si Oehrn ya había tenido una mala experiencia con los supervivientes de los barcos que hundía, esta patrulla le iba a plantear un problema al que otros comandantes también se enfrentaron.
El 23 de Agosto de 1940, a unas seiscientas millas de la costa Irlandesa, el U-37 daba alcance al vapor británico Severn Leigh. "Unas 5000 toneladas", dijo a su primer oficial de guardia, Nico Clausen. "Aüserste kraft voraus". A toda maquina. Oehrn no dejaría escapar su presa. Llevó al U-37 a profundidad de periscopio. La aproximación, el lanzamiento de torpedos... el vapor hundiéndose... era una acción típica de manual, sencilla y eficaz. "¿Qué piensas?" le dijo a Nico, "¿Deberíamos subir a vigilar?". Al oficial le parecía algo absurdo, el ataque ya estaba hecho. Aun así, subieron al puente para ver como el vapor empezaba a hundirse, pero aun había hombres en la cubierta.
"El cañón, Herr Kaleun. Se dirigen a su cañón". Los hombres del barco le habían visto, a pesar de estar hundiéndose, algunos tripulantes estaban decididos a pronunciar una última palabra. "¡Abran fuego!" gritó Oehrn a la dotación de su pieza y casi inmediatamente el 105 mm. del U-37 efectuaba un primer disparo.
Oehrn contempló lo que sucedió después a través de sus binoculares. La pesadilla, el dilema, había comenzado. El cañón del Severn Leigh se desintegro en el acto. Vio un salvavidas, lleno de hombres, caer al agua. Un disparo del U-37 estallaba justo encima del salvavidas, envolviendo ese costado del barco en llamas. El barco estaba medio hundido, el bote salvavidas se apartó, pero sus ocupantes habían sido alcanzados por la explosión del proyectil.
El lector debe saber que este incidente no era nuevo. Parte de la imagen que rodeaba al u-boot se basaba en hechos parecidos, donde un comandante ansioso por hundir un barco y poder desaparecer cuanto antes abría fuego en medio de botes que caían al agua. Si Oehrn dejaba que estos hombres sobreviviesen, esta imagen estaría en la mente de sus enemigos, que rápidamente harían uso de periódicos y radio para informar a la opinión pública sobre la clase de hombres que tripulaban los u-boote. La necesidad operacional y la humanidad, eran los dos factores que ahora Oehrn debía sopesar. O borrar todo rastro de actividad, o permitir que los supervivientes diesen toda la información posible.
Oehrn intentó ganar tiempo. Todos sus hombres, excepto dos de los más experimentados bajaron al interior del U-37. A medida que se aproximaban al bote salvavidas, Oehrn veía las mismas caras llenas de ira, silenciosas, pertenecientes a hombres quemados y heridos. Nadie dijo nada, pero en la mente de todos estaría presente la duda que Oehrn trataba de disipar. "Herr Kaleun... tiene que hacer algo. El cañón esta listo. De una orden". Toda la decisión recaía en Oehrn. ¿Hasta donde llega la obligación de un soldado?, ¿cuando se traspasa el limite de lo razonable en una guerra?. En este punto, no podemos evitar acordarnos de las memorias de Topp, quien amplia estos interrogantes y los encuadra dentro del juramento prestado a Hitler, entre el servicio a Alemania y los exterminios de los campos de concentración.
La misión de Oehrn era hundir barcos. La reputación de Alemania no era de su incumbencia. Por otro lado, un solo disparo del barco habría bastado para acabar con el U-37. Además, el objetivo de sus hombres era el cañón del barco, no el bote salvavidas. ¿Estaría justificado Oehrn al disparar sobre los sobrevivientes?.
Las órdenes de Oehrn preservarían la vida de los supervivientes. Ordeno desguarnecer el cañón y avanzar a media maquina. Nico, visiblemente aliviado, silbó lentamente y tiró un cigarro al agua. La orden de Oehrn también le quitaba una terrible carga de sus espaldas. Tal vez se hubiese convertido en testigo de crímenes de guerra.
El lector tendrá que juzgar a Oehrn en este incidente. Oehrn hizo lo que habría hecho cualquier comandante, tener sus recursos listos para ser empleados mientras baraja sus posibilidades y opta por una solución. Sin embargo, notará que no hubo en si ningún acto de sangre fría, más bien, un manejo cuidadoso y pausado de la situación. Fue absurdo subir a la superficie y exponer de esa manera su propio submarino. No podemos saber el destino de los supervivientes del Severn Leigh... ni que dijeron al ser rescatados, si lo fueron...tal vez que un nazi les disparó mientras bajaban su bote, o que tal vez uno de esos criminales decidió perdonarles la vida en el ultimo momento. La historia se repetiría en otros casos, con el tiempo en contra, un submarino abre fuego contra un barco a medio hundir, mientras hombres de este ultimo se afanan por echar los botes al agua... el objetivo no son los supervivientes, pero la confusión daría lugar a una imagen distorsionada del comandante del u-boot.
En cualquier caso, Oehrn era plenamente consciente de cómo las normas sobre el empleo de submarino habían sido paulatinamente abandonadas. Unos días antes de este incidente, Hitler advertía que todo el tráfico marítimo, incluso el neutral, en torno a las islas británicas seria atacado sin previo aviso. Oehrn sabia que esto colocaba a Alemania en una situación precaria que podía ser agraviada según el trato que dispensara a los supervivientes de un ataque. Podría haber hundido aquel bote, no dejar evidencias, pero opto por una solución completamente distinta.
El 30 de Agosto Oehrn volvía a la base. Ocho barcos hundidos, con los cuales Oehrn estaba acreditado con 75.000 toneladas. Sobre esta segunda patrulla, algunos datos son confusos. Blair afirma que fueron siete los barcos hundidos, entre ellos el sloop británico Penzance, de 1.000 toneladas, confundido con un destructor. Al parecer, abortó la patrulla por segunda vez al ser alcanzado por escoltas de superficie y aparatos. En cualquier caso, estaba cerca de ser un as de submarinos, un comandante en activo como había deseado. Sus hombres, formados en cubierta, solo pensaban en la vida nocturna de Lorient, especialmente sus mujeres.
Quizás Oehrn se estaba convirtiendo en un lobo, pero Dönitz tenía otros planes para sus comandantes. ¿Por qué no organizarlos en grupos?. Durante los meses siguientes, la Rudeltaktik, que tan malos resultados había tenido en el 39 y el 40, evolucionaba hasta convertirse en el método de ataque por excelencia, con batallas de convoyes que merecían un nombre propio, como "La Noche de los Cuchillos Largos" y las terribles perdidas del convoy SC7 y HX 79 en el mes de Octubre. Oehrn no participó en estas batallas, aunque estaba en camino de su tercera patrulla. No faltaba mucho para las famosas 100.000 toneladas, pero el Westward Ho ! volvía a ser solo el U-37. En beneficio del grupo, la identidad de los submarinos se perdía. La fama de Oehrn a raíz de su primera patrulla ahora no existía, ni la opinión pública alemana conocía a todos los ases por su nombre. A Oehrn no le preocupaba esto. Tenía su submarino y su tripulación, todo lo que deseaba. "El primer lugar pertenece al hombre en el frente, tiene que ser de esa manera y siempre ha sido así con nosotros... Las responsabilidades de un comandante me dieron gran gozo". Le gustaba ser responsable de su submarino y de su tripulación. El alcance de su responsabilidad llegaba hasta las esposas e hijos de sus hombres: "... los cuales, permaneciendo de pie en el muelle de Wilhelmshaven, miraban hacia arriba, hacia mí como si preguntasen: ¿…nos los traerás de vuelta sanos y salvos?".
La tercera patrulla de Oehrn finalizaba el 22 de Octubre de 1940. En realidad es difícil afirmar que fuese su tercera patrulla, quizás retomase la anterior, efectuadas las reparaciones en el U-37. Uboat.net se inclina en esta dirección, así como otros historiadores. Al volver, Dönitz mismo lo estaba esperando en el muelle. La tripulación formó para la inspección, sucios, merecedores de sus barbas, mientras Oehrn sostenía un ramo de flores.
"¿Una buena patrulla, Oehrn?" preguntó Dönitz mientras sonreía. "Moderada, Herr Admiral", respondió Oehrn, mientras un oficial se adelantaba con una caja. "Kapitänleutnant Victor Oehrn", dijo Dönitz en voz alta, "...en el nombre del Führer y del Comandante en Jefe de la Werhmacht le concedo la Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro". La ansiada condecoración ahora pertenecía a Oehrn.
"Y tengo otro anuncio...", continuó "...con efecto inmediato el Kapitänleutnant Victor Oehrn queda relevado del mando del U-37 y reasignado al staff del BdU. El nuevo comandante del U-37 será el Oberleutnant zur See Nicolai Clausen". Nico pestañeó. Para él serían buenas noticias. Pero Oehrn acababa de perder su submarino. El U-37 continuaría al mando de diferentes comandantes hasta la conclusión de la guerra, convirtiéndose en uno de los submarinos más eficaces en la U-bootwaffe. Oehrn quedaba acreditado con 101.414 toneladas mientras que su eficacia como comandante al frente de un submarino quedaba fuera de toda duda. De hecho, después de Kretschmer y Schepke, Oehrn figura en el tercer puesto entre los dieciocho comandantes que protagonizaron los llamados "Tiempos Felices".
El incremento de actividad de los u-boote llevaba consigo el aumento del trabajo del BdU. Oehrn debía haberlo sabido, solo fue enviado al frente a solucionar un problema. Dönitz era consciente del valor de este oficial para el staff. Tal vez, si se le permitió seguir al mando del U-37 en su segunda y tercera patrulla era solo para proporcionarle experiencia real. A Dönitz, como podemos ver, le preocupaba también tener un oficial de staff aun mejor que el que zarpó para demostrar la valía de los torpedos. El servicio para Oehrn, su deseo de estar en el frente, concluyó. Le esperaba el despacho, las operaciones y los informes continuos. El lector recordará, con razón, que el oficial de staff no tiene nombre. Aun así, Oehrn emprendería su propia guerra personal, sin submarino, sin tripulación, donde tendría que demostrar su valía como hombre, no como comandante.
Si Alemania hacia notar su presencia en el mar con el acero de sus submarinos, en tierra lo haría con el de sus formidables panzers. Erwin Rommel, el comandante de la 7ª Panzer en Francia, llegaba al Norte de África en septiembre del 41 al mando de una combinación de elementos alemanes y italianos. Sus refuerzos debían llegarle a través del Mediterráneo, a través de convoyes que experimentaban severas pérdidas con lo cual la opción parecía obvia: transferir submarinos que entorpeciesen la actividad de la Royal Navy. La idea no contaba con la aceptación de Dönitz, ya que para los u-boote el Mediterráneo era una trampa. El lector ya sabe lo que supone un incremento del número de submarinos en esta zona: una mente que defina las operaciones, los mantenimientos y todo el respaldo administrativo que una nueva flotilla conlleva. Además de esto, debe hacer frente a ciertos deberes sociales o políticos, algo mas que el trabajo referido al arma que dirige. "En Noviembre de 1941 le había confiado esta misión al que tanto se había distinguido como comandante de submarinos y oficial del Estado Mayor del Almirantazgo, Capitán de Corbeta Oehrn". Efectivamente, Dönitz encomendó este puesto a nuestro protagonista, que con treinta y cuatro años de edad y con el grado de Korvettenkapitän y cierto punto de entusiasmo, salió inmediatamente para Roma.
En Noviembre del 41, a Oehrn le esperaban diez submarinos en el Mediterráneo. Estos ya habían empezado a escribir sus propias páginas de historia, anotando en ellas los hundimientos del HMS Ark Royal, el HMS Barham o el HMS Galatea. Si estos hundimientos eran relevantes, seguramente a Oehrn no le parecerían una ofensiva. ¿Podrían reproducirse las batallas del Atlántico en el cálido Mediterráneo?. Los convoys aliados no se sentían especialmente amenazados y lo que era más importante, el u-boot que era transferido al Mediterráneo ya no era recuperable para el Atlántico, el verdadero teatro de operaciones de la U-bootwaffe.
Oehrn se presentó en Supermarina, el cuartel general de la marina italiana. Como era de esperar en él, nada mas llegar estableció sus despachos de operaciones, tal vez unas instalaciones acordes con el tamaño de la fuerza que dirigía. Pronto se dio cuenta que el trabajo no era abrumador. No tenía el menor sentido el empleo de manadas de lobos ya que sencillamente, no disponía de tantos submarinos. Hasta las transmisiones reclamaban poca atención, por que solo de noche los submarinos emergían para enviar y recibir comunicados. La mayoría de lo submarinos operaban por su cuenta con una mínima dirección del FdU. Añadido a esto, George Schewe, del U-105, sería nombrado segundo de Oehrn. Sencillamente, disponía de tiempo libre.
Si el nivel de dedicación era muy bajo en comparación con el exigido en el BdU, Oehrn vivía en una ciudad diseñada para ser la capital de un imperio y el centro del mundo, con todo el atractivo social que esto implicaba. Roma no era la ciudad para oficiales entregados a su trabajo. Oehrn tardó un poco en entenderlo, de hecho, cuando fue invitado junto con Weichhold a asistir a una cena, rechazó la invitación alegando falta de tiempo. Pero Oehrn era algo más que el responsable del FdU. Era un representante de Alemania, de sus fuerzas armadas, del propio Hitler. A medida que aceptaba este papel desconocido para el, comenzó a asistir a fiestas y recepciones, a almuerzos y cenas. Hizo nuevas amistades y recuperó otras de sus tiempos de estudiante en Roma. Empezó a recorrer esta ciudad con guías destacables, como profesores del Instituto Kaiser Wilhem o clérigos jesuitas. No podemos evitar sonreír al pensar que, seguramente, la mejor guía para Victor era una joven llamada Renate von Winterfeld, secretaria de la oficina del Almirante Weichhold.
El lector sabe que Roma en aquel tiempo ofrecía dos caras. Por sus calles se celebraba una u otra victoria del Eje mientras sufría restricciones en el suministro de combustible. Si bien los restaurantes y hoteles permanecían abiertos, tal vez refugiados judíos o croatas se sentaban en las mesas, quizás al lado de Victor y Renata. La iglesia demostraba su prominencia mientras espías y contra-espías realizaban su trabajo en la clandestinidad. Los diplomáticos gozaban de una absoluta movilidad y los rumores sobre los acontecimientos transitaban sin obstáculos entre reliquias históricas.
Oehrn, ingenuo o idealista, según quiera el lector, no vio esta faceta. Incluso cuarenta años después recordaba las marcas que la legendaria ciudad dejó en él: "¿Qué voluntad, que fuerza, que claridad de propósito nos habla ahora desde estas ruinas, que todavía permanecen a pesar de las fuerzas destructivas que desde entonces han pasado?". Roma era para Oerhn el lugar adecuado para esperar la conclusión de la guerra. "Estaba viviendo en el Edén". Hasta el hotel en el que residía ostentaba este nombre.
Esta situación no duraría mucho. La Kriegsmarine estaba dirigida por hombres de tendencias conservativas como Erich Raeder. Para este último, que alguien tan joven como Oehrn fuera el responsable del FdU en Italia suponía una incomodidad. En consecuencia, a comienzos del 42 desautorizó la designación de Oehrn y estimó que Leopold Kreisch ocuparía su puesto. Oehrn serviría como A1 a las órdenes de Kreisch. Aun pasarían unos meses hasta que estas disposiciones se hicieran efectivas pero Oehrn, sintiéndose humillado por estos cambios, decidió que solicitaría un puesto en el frente tan pronto como le fuera posible. "Quiero que sepa que esta no era mi decisión…", le explico Dönitz, "…pero no puedo convertir esto en un asunto de gabinete. Hay una guerra y tengo que seguir órdenes del mismo modo que usted. Quiero que me prometa que permanecerá en Roma y dará lo mejor de usted". Oehrn recordaría que todos los intentos de ser transferido quedaron en meros deseos, y, obedeciendo a Dönitz, permaneció en Roma, lo cual, como veremos, dio un giro inesperado a su vida.

Oehrn fue relevado como FdU en Febrero del 42. Al cumplir la promesa a Dönitz, de algún modo, la relación entre ellos dos se había resentido. El orgullo callado y sereno que residía en Oehrn le impedía aceptar el cambio. El lector recordará que con este mismo orgullo Oehrn reclamó el reconocimiento que le correspondía por la operación de Scapa Flow, aunque se negase a llevar la condecoración posteriormente. Es este mismo orgullo el que le llevó a estar listo en cinco días para tomar el mando del U-37 según la palabra dada a Dönitz. Sería culpa de este orgullo el que Oehrn no se llevase bien con Kreisch. Este solo estuvo dos veces en Roma antes de tomar el mando del FdU. Al finalizar una cena, Kreisch, que trataba a Oehrn como un subordinado, esperó a que le ayudase a colocarse el abrigo. Oehrn, que lo consideraba un igual, sencillamente se negó. "No puede hacer eso con él, Herr Kapitän", advirtió alguien a Kreisch. El incidente no mejoraría la relación entre ambos, pero, en cualquier caso, esta relación nunca llegaría a darse. En Mayo del 42, Rommel planeaba atacar Tobruk de nuevo. Ya que Kreisch aun no había llegado, Oehrn pensó en trasladar su centro de operaciones a Libia, un lugar adecuado para dirigir los ataques de sus submarinos contra la esperada evacuación del puerto de Tobruk. Sería solo un viaje de diez días, como mucho tendría que preparar una pequeña maleta. Pero había algo que no podía esperar a la vuelta.
La relación con Renata von Winterfeld se estaba convirtiendo en algo especial para Oehrn. Irónicamente, aun cuando la relación estaba avanzada, Oehrn creyó que Renata estaba casada, así que le dispensaba el mismo trato respetuoso que otorgaría a la esposa de un oficial, de hecho, se dirigía a ella como Gnädige Frau. Renata encontraba esto divertido y mantuvo el pequeño engaño durante tres meses. La tarde antes de abandonar Roma, Victor la invito a cenar al Casino Valadier, en Monte Pincio. Lo que ocurriese esa misma noche queda reservado a la intimidad de los personajes, pero Oehrn decidió que cuando volviese volaría a Postdam para pedir a la madre de Renata permiso para casarse. "Sentí que algo nuevo había entrado en mi vida. En la guerra, en el extranjero, las mujeres estaban por encima de nosotros. Pero ella no. No vi a ninguna mujer mas desde que la conocí". Lo último que recibió Victor de su futura esposa fue un pequeño oso de azúcar, un dulce recordatorio. Pero, como presagio de los sucesos que iban a ocurrir en la vida de nuestro protagonista, lo perdió antes de llegar al hotel.
Al día siguiente, junto con Kesselring y su staff, Oehrn se dirigía a Derna, en Libia, en un Ju88. Kesselring tenía la misión de supervisar las operaciones de Rommel aunque no participara directamente en la toma de Tobruk. Oehrn tenia menos aun que hacer o decir, pero ambos permanecían lo suficientemente cerca como para oír el ruido que producían los combates y después el silencio que anunciaba la caída de la plaza. Oehrn vio una concentración de efectivos enemigos como no la había visto antes: "33.000 ingleses, neozelandeses, australianos e indios, magníficos en la flor de su vida, todos arremolinándose sin propósito en la altiplanicie entre incontables aparatos y armas de toda clase". Oehrn contemplaba el botín perteneciente al D.A.K.
Para este oficial de submarinos, la caída de Tobruk supuso despojarse del uniforme que le correspondía como FdU, junto con los privilegios, deberes y pequeños placeres que iban unidos al puesto. Weichhold le relevó de todos sus deberes en Roma y lo asignó al staff de Kesselring ordenándole que "esperase futuras instrucciones". El lector se preguntará como es posible este tipo de cambios. Dönitz nunca hubiera permitido asignar a un oficial de semejante experiencia en un destino inservible. Según Vause, la única explicación posible es que Weichhold actuase con un entusiasmo desmedido, al comprobar como Rommel iniciaba su marcha hacia El Cairo. Sin combustible, sin panzers, sin nada que ofrecerle, lo único que le quedaba era un oficial del staff de la U-bootwaffe, alguien completamente extraño, desconocido para un militar que se destacaba en operaciones terrestres.
Oehrn se vio envuelto en el repentino avance de Rommel hacia el este, con lo cual su vuelta a Roma y el encuentro con Renata debían posponerse indefinidamente. Su posición no era fácil. Muy lejos quedaban sus días en el BdU, se encontraba fuera de su elemento como un oficial naval, sin deberes definidos excepto un pequeño destacamento de transmisiones. Era una especie de enlace naval que asistía a las cenas de Kesselring, a sus reuniones y sus discusiones, pero poco más. Los movimientos de Rommel, mal vistos por el propio Kesselring, junto con el aura que despertaba en sus hombres alcanzaron también al mismo Oehrn: "Como Dönitz con sus tripulaciones de submarinos, Rommel fue capaz de despertar un espíritu de voluntad en aquellos que lideraba: un espíritu que podía sobrepasar cualquier desgracia con el fin de conseguir el éxito. Dönitz era respetado y amado por todos y cada uno de los que tenia bajo su mando: Rommel era temido por sus oficiales, pero gozaba de una reverencia casi mítica por parte de sus hombres". Para Oehrn, tal vez Rommel mostraba ese mismo espíritu que era tan común en la U-bootwaffe: arriesgarse para ganar. Esa misma idea, esa similitud de caracteres hizo que Oehrn viese su estancia entre el D.A.K. de un modo diferente: "Estaba lleno de juventud e ignorancia. Olvidé mis actitudes críticas. No tenían propósito y a nadie le interesaban aquí". Avanzar con Rommel era una experiencia única y Oehrn disfrutaba con ella. Le siguió con su pequeño equipo de radio, enviando al BdU informes sobre su progreso. Esta situación duró hasta junio del 42, cuando el Octavo Ejercito decidió detenerse y defender El Alamein. Rommel había agotado sus fuerzas. Oehrn podía ver el camino de vuelta a Tobruk, el Rommelweg, lleno de panzers y vehículos averiados o sin combustible. Oehrn llego a la conclusión que el D. A. K. había agotado todos sus recursos en la persecución y ahora, estando tan cerca, no tenía fuerzas para estirar un poco mas el brazo y capturar su presa.
Hasta Octubre todo se redujo a pequeñas escaramuzas. La situación parecía haberse estancado, pero Rommel decidió dar un paso mas y llevarse a Oehrn con él. "Rommel esta pensando en un ataque a través del Nilo". Le explicó Weichhold a un Oehrn mas bien perplejo."Su trabajo es asistirle". A Oehrn estas instrucciones le resultaban más bien vagas. ¿Cómo podía un oficial de submarinos ayudar a todo un líder de blindados?. "No le corresponde a usted hablar sobre eso". Weichhold aclaró un poco mas las nuevas ordenes. "Uno debe improvisar hasta cierto punto en la guerra. Tendrá todo el apoyo que necesite. Hay un escuadrón de torpederas en Tobruk que puede tomar". Era una orden increíble, ridícula tal vez. ¿Un oficial de u-boot, tomar un escuadrón a seiscientas millas y ayudar a Rommel a cruzar el Nilo?, Weichhold parecía decidido. Oehrn tenía trabajo.
Antes de salir se puso su mejor uniforme, acorde con el color del desierto con sus debidas condecoraciones. "... para que Rommel supiese con quien estaba tratando". Se las ingenió para encontrar un coche y un conductor, símbolo inequívoco de su grado de oficial de staff. Como no sabían hacia donde se dirigían, se encaminaron hacia el frente guiándose por los destellos de la artillería y las balas trazadoras.
No tardaron mucho en perderse y Oehrn ordenó al conductor que se detuviese. Subió por una pequeña colina, esperando que desde esa altura pudiese decidirse por una dirección. Lo primero que llamó la atención de Oehrn eran unos extraños cascos a los que no estaba acostumbrado. Instintivamente se giró, pero antes de que pudiese avisar al conductor, oyó los primeros disparos. Uno alcanzó al coche. El segundo se alojó en su hombro izquierdo. Después tres más en el mismo sitio. El conductor levantó las manos y se rindió. Oehrn, sorprendentemente, intentó huir, con lo que un quinto disparo en una pierna le hacia caer en la arena.
Oehrn nunca encontró a Rommel. Oehrn no había sido herido en el Atlántico, sino en un frente para que el no había sido entrenado ni preparado. En este punto no sabemos que pensaba Oehrn sobre el final de la guerra, pero, como el lector puede sospechar, la guerra había acabado para Oehrn. Era el 13 de Julio de 1942.
El desierto resultaría mas frió aun para un hombre herido. Había permanecido sobre la arena por horas, sufriendo una terrible perdida de sangre y casi perdiendo la consciencia. No podía usar el brazo izquierdo y, de algún modo, sabia que iba a morir: "Pero no tengo miedo a morir…", se dijo a si mismo, "…sigo el camino que muchos de mis camaradas en esta y otras guerras emprendieron. Estoy en buena compañía. Dios lo quiere así". Dein Wille geschehe... las primeras palabras ya corrían por su mente…
Encontraron a Oehrn mucho después de que hubiese caído la noche. Un soldado se inclinó sobre el para despojarlo de objetos valiosos, como su reloj y desaparecer. Después, otro grupo se formó alrededor de el. Victor, todavía consciente preguntó: "¿Quién sois vosotros"”. La respuesta no parecía encajar con la situación: "Somos australianos. ¿Somos buenos luchadores?".
Oehrn debía considerarse afortunado de permanecer con vida. Ni el cirujano que lo trató podía creer que había sobrevivido. Sus heridas eran críticas, estaba deshidratado y se desplomó en una ambulancia británica que lo llevaba a Alejandría, sesenta millas al este. Nada mas llegar al hospital entró al quirófano. Al día siguiente se despertó, con agudos dolores y la pierna izquierda escayolada, así como todo su pecho y brazo izquierdo. No era una imagen típica de un prisionero, pero era real. Oehrn había sido capturado.
A pesar de los esfuerzos por permanecer despierto, los días posteriores a la intervención los pasó en un estado de dolor y delirio, mientras era examinado y le cambiaban las ropas: "Renata me preguntó cuanto tiempo permanecí en Alejandría. No lo sé. Meses seguro. A pesar que ciertos eventos permanecen, el resto parece estar perdido entre las sombras". La fecha mas especifica que recuerda fue el 28 de Agosto. Ese mismo día, Marsden, su cirujano, le dijo que se iba a recuperar. "Tenemos nuestros momentos..." le dijo, "...pero creo que se pondrá bien". "En ese caso, tendré que intentar escaparme". El medico y el paciente sonrieron. Oehrn recuerda que la primera impresión que tuvo de él era que se trataba de un hombre diferente. De hecho, debió establecerse una sincera amistad entre ellos, pues Oehrn se queja de que un día desapareció "sin decir adiós". Es más, después de la guerra, consiguió localizarle en Birmingham. Otro doctor que cuidó de él era un tal Levin, un judío alemán que emigró a Inglaterra. A causa de hablar su idioma natal estaba asignado al cuidado de prisioneros heridos en Alejandría. Cuando Oehrn mejoró lo suficiente para ser trasladado a una sala de cuidados generales, Levin lo atendía.
Como todos los prisioneros alemanes, a Oehrn se le suponía una fuerte adherencia al nazismo. Durante una transfusión, Marsden notó la preocupación de Oehrn por el origen de la sangre. "No se preocupe, solo es excelente sangre aria". Aun así, Levin no parecía experimentar preocupación por Oehrn, mientras este ultimo no lo rechazaba. De hecho, mantenían conversaciones sobre religión y Oehrn se encontró con que podía entender mejor los preceptos del judaísmo que del cristianismo. "Nunca fui capaz de aceptar la idea de Dios como hombre e incluso comprender la trinidad. Solo en la pintura de la Creación de la Capilla Sixtina si que reconocí al Dios que había imaginado". Levin, que profesaba el judaísmo como desafío al régimen que Oehrn defendía, se convirtió en el mejor amigo de Oehrn. Es mas, Oehrn encontró en esta relación una fuente de donde extraer fuerzas para recuperarse.
Oehrn se convirtió también en una especie de rareza del hospital, tal vez por el arma al que pertenecía. Oficiales, soldados, curiosos, todos querían ver al oficial de la U-bootwaffe. Oehrn se mostraba civilizado, educado, siempre intentado mantener una imagen adecuada, aunque en el fondo no olvidaba que era el enemigo. Si sus brazos no servían para combatirlo, tampoco lo harían la mofa o el insulto, así que la mejor arma que empleaba Oehrn era la persuasión. Su tema de conversación preferido era la Unión Soviética, especialmente el bolchevismo, intentando convencer a sus oyentes de lo absurda que era la guerra entre Alemania y los aliados del oeste, cuando los primeros eran el enemigo común. Si bien es cierto que conocía a los rusos mas que sus visitantes, ignoraba lo que ocurría en el interior de Alemania. Cuando le mencionaban los campos de concentración y el trato dispensado a los judíos, alegaba que eran mentiras que ni sus amigos ni sus mandos aceptarían.
La capacidad de Oehrn de convencer a sus oyentes quedo demostrada cuando se restringieron todas las visitas y tan solo oficiales podían entrar a verle. Guardias indios vigilaban las entradas y hasta estos llegaron a comprender el punto de vista de Oehrn. Aun sabiendo que Inglaterra dominaba India, "…cuando estéis en la frontera india estaremos de vuestro lado, pero por ahora debemos permanecer en el suyo".
Oehrn era consciente de su propia valía como fuente de información. Nunca revelaba nada que pudiese ser considerado información confidencial. De hecho, estaba al tanto de cualquier oportunidad que se diese. Al comienzo de su tratamiento, algunos de sus huesos debían volver a colocarse en su sitio. Marsden le ofreció té con ron, ya que no podía emplear anestesia. Temiendo que el ron le hiciese hablar, Oehrn rechazo la bebida. Con esto, es difícil pensar que Oehrn fuese de alguna utilidad a la inteligencia aliada. Llevaba ocho meses fuera del BdU y nadie parecía saber de su presencia en Alejandría.
En Londres se guardaban carpetas con información sobre comandantes de la U-bootwaffe, pero no parece posible que se actualizase la de Oehrn después de dejar el BdU. Aun sabiendo de su traslado a Roma, su viaje a Libia no parece haber llamado la atención de los británicos. Aunque el Octavo Ejercito obtuviese su nombre y graduación, pasaría algún tiempo hasta que esta información llegase a Roma. Es mas, el lector sabe que todos los prisioneros de la U-bootwaffe eran llevados sin excepción a Kensington y después a un campo de prisioneros. Si el almirantazgo británico se hubiese enterado de la presencia de Oehrn en Alejandría, lo hubieran trasladado inmediatamente a Londres. En cualquier caso, hubiera recibido la visita de un grupo de interrogatorio, pero ni siquiera esto se produjo. Hasta el conocido historiador Blair se sorprende de esta circunstancia: "Aparentemente, la inteligencia naval británica ignoraba que el antiguo primer oficial del staff de Dönitz, as de u-boot y antiguo comandante de las fuerzas u-boote en el Mediterráneo estaba bajo custodia británica en Egipto todo ese tiempo".
Con el tiempo la estancia de Oehrn en el hospital finalizó. Se le trasladó al campo 306, cerca de Bitter Seas, en el Canal de Suez. El personal y los residentes eran todos alemanes, con lo cual el peligro había pasado. Pero Oehrn todavía guardaba cama y debía permanecer así por nueve meses más. Sus dolencias todavía eran graves, ni siquiera podía mover los dedos de la mano izquierda. Junto al dolor físico, la angustia de no saber donde estaría en un mes o un año le hacia desesperar. Sabia de la existencia de campos de prisioneros en Inglaterra o Canadá, e incluso en Australia, pero por el hospital corrían rumores sobre el empleo de métodos de tortura para hacer sucumbir al prisionero. Por encima de esto, la posibilidad de no volver a ver a Renata era abrumadora. Aunque estaban formalmente comprometidos, sabía que volvería tal vez como un lisiado. En el momento que se le permitió, envió dos postales, una a Alemania, a su hermana, y otra a Roma, a Renata, explicándole su situación y liberándola del compromiso. Ni siquiera esperaba respuesta.
Lo que no podía saber Oehrn es que Renata estaba buscándole. No obtenía información concreta por que ni siquiera la Kriegsmarine sabia a ciencia cierta donde se encontraba Oehrn: "Fue a África, ya lo sabe, donde están los australianos. Ahora ya debe de estar cubierto de arena". La respuesta de Loycke, jefe del staff de Weichhold, era de muy poca ayuda, además de despreocupada. Pero Renata von Winterfeld resultó tener más recursos de los que parecía. Estaba convencida de que su futuro marido no había muerto. Lo intentaría, esta vez, sin ayuda de los alemanes.
Como resultado de esto, un día se presentó un sacerdote católico en la habitación de Oehrn. El no era católico, así que no podía imaginar que quería el sacerdote."¿Es usted Victor Oehrn?". Después de una repuesta afirmativa, el religioso explicó el motivo de su visita: "Le traigo recuerdos de Fraulein Renate von Winterfeld desde Roma. Si desea contestarle, le entregaré la carta por usted. Si no puede escribir, puede dictarme su respuesta".
Oehrn estaba perplejo. Mantenía fuertes discrepancias con el catolicismo, de hecho, desde niño, profesaba el luteranismo evangélico, considerando al catolicismo poco más que una plaga. Este punto de vista se suavizó un poco en Roma, donde veía la presencia de este credo por todas partes. Pero ahora, precisamente, un sacerdote católico le traía noticias que ya ni siquiera esperaba oír. "Era solo un grano de arena en el desierto, pero ella se tomó el tiempo por mi causa. Ella hizo algo en esta horrible guerra por dos jóvenes que revela su sustancia mas interna". Aquí Oehrn se refería a la iglesia católica, la misma que en otro tiempo había querido evitar. Después que entregase la carta al desconocido sacerdote, se prometió así mismo que volvería con Renata. Si deseaba casarse con el, ni siquiera sabiendo cuando volvería, Oehrn se juntaría con ella.
Tal y como el protocolo dictaba, Victor Oehrn y Renata von Winterfeld anunciaban su compromiso en Berlín. La propia madre de Renata envió el anuncio a su hija y otra al propio Oehrn. La dirección de respuesta era: "Actualmente en cautividad: Egipto, Medio Este. Número: 23759ME". El compromiso era un paso firme, aun para alguien postrado en la cama. Es difícil saber si le llegó alguna misiva o felicitación a Oehrn a la dirección indicada, pero el lector ya habrá notado la fuerza simbólica que este acto tenia para Oehrn. Había decidido superar su lucha y continuar con la vida.
La visita del sacerdote marcó un punto clave en la recuperación de Oehrn. Al menos, desde el punto de vista religioso, optando por una imagen propia y elaborada de lo que el creía que podía ser una adoración. "Pasaba cada tarde rezando. Siempre recordaba las oraciones que mi madre me había enseñado pero mi oración era diferente y siempre la misma: Te pido Dios, el Señor que creo todo, que me des la fuerza para aguantar cada dolor, cada dificultad, y pido que tenga la gran fortuna de estar otra vez de nuevo delante de Renata, y no decepcionarla. Eso era todo. Y lo decía cada tarde".

Para Abril del 43 pudo abandonar la cama. Comenzaba a sentir sus articulaciones de nuevo, aunque todo ello de una forma gradual y pausada. Pudo explorar el entorno del hospital y pronto empezó a pensar en una escapada. Era excesivamente pronto. Aun si conseguía saltar las alambradas, el ejército británico ni siquiera se molestaría en perseguirlo. Haría correr la voz de que un prisionero alemán se había escapado y ofrecería una recompensa. La población nativa no tendría inconveniente en devolverlo. La posibilidad de encontrarse con el D.A.K. tampoco contaba, ya que este se había rendido en Mayo. Más curioso aun, el comandante del campo le había ofrecido un jeep por si quería realizar alguna excursión a las ciudades cercanas, pero Oehrn, pensando en su propio honor, no quiso aprovecharse de la buena intención de su captor.
Por medio del doctor del campo supo que se iba a producir un intercambio de prisioneros. Solo los mas graves y algún que otro caso de enfermedad mental se beneficiarían del arreglo. El resto, quizás Oehrn entre ellos, seria enviado a Canadá o Australia. La misma recuperación por la que había luchado ahora se volvía en su contra, y las posibilidades de ser intercambiado eran casi nulas. Si Oehrn deseaba volver a Alemania, solo su estado físico le valdría el viaje. La improvisación era obvia: debía abandonar todo tratamiento y recuperación. El mismo debía abandonarse hasta casi la muerte. En muy pocas semanas perdió peso, y para cuando el comité llegó, su estado, sin ser critico, era grave: "Todo parecía tal y como había esperado. Pálido, consumido, con vendajes todavía en mi hombro, un hombre enfermo que no tenía la fuerza para hacer frente a sus heridas".
El comité examinó a Oehrn detenidamente. Pasaron al siguiente caso sin decirle una sola palabra. Tal vez, en esos momentos, Oehrn recordaba un incidente en un club de Paris, hace dos años. Una gitana se le acercó y quiso echarle las cartas. Oehrn, que no creía en esas cosas, la rechazó varias veces. Al amanecer, la mujer insistió y le dijo que no le cobraría nada. Oehrn accedió, aunque lo que le dijo la gitana para el era poco más que basura: "Volverás a la guerra... y recibirás heridas graves. En dos años volverás, te casarás y tendrás dos hijos". Ahora Oehrn tenía en mente las palabras de la gitana. Había pasado un año desde su captura. ¿Volvería en otro año mas?.
Oehrn consiguió aparecer en la lista de prisioneros que debían prepararse para el viaje. De hecho, la lista indicaba enfermos muy graves que iban a ser repatriados. Cuando estaban todos reunidos para el ansiado viaje, a Oehrn se le ordenó echarse a un lado. Otro prisionero iba a ocupar su lugar. Oehrn vio como el grupo abandonaba el campo sin él. Tuvo que pasar otro examen medico, en el cual se esforzó al máximo por parecer un moribundo. Sin embargo, había algo que no encajaba. ¿Habían descubierto su engaño?, ¿se trataría de un error administrativo?, Oehrn vio la respuesta cuando esa misma tarde un jeep fue a recogerle. Al negarse el conductor a decirle el destino de su viaje, Oehrn comprendió que iba a ser sometido a un interrogatorio en Mahdi.
En el interior de una celda aun seguía fingiendo estar débil de salud. Le habían ofrecido un compañero de celda que Oehrn inteligentemente rechazó. Seguramente, como se dieron en otros muchos casos, solo sería un informador con la misión de entablar una conversación despreocupada que girase en torno a aspectos de la lucha submarina. Estaba siendo vigilado estrechamente. De hecho, tomó por costumbre sentarse en el mismo sitio durante sus paseos, fingiendo dolorosas molestias, hasta que un día le colocaron un banco.
Los interrogatorios no fueron desagradables en absoluto. Un oficial naval americano, que parecía saberlo todo acerca de el, conversaba con él sin forzarlo en ningún momento. Cuando se le preguntaba acerca de la U-bootwaffe, sencillamente rehusaba hablar. En muy pocas ocasiones se le preguntó por la resistencia. Oehrn llego a la conclusión que el interés del oficial era definir el estado mental de Oehrn después de la cautividad, así que se mostró patriota y convencido en sus fines. Como en distintas situaciones ya había experimentado Oehrn, nuevamente tuvo que cambiar su punto de vista. El oficial americano era un igual como él, hablaban francamente y con cierto grado de amistad, desde posiciones definidas que ninguno de los dos querían vulnerar.
A comienzo del otoño del 43, Oehrn supo que volvería a Alemania. Pero las palabras del oficial americano implicaban una advertencia: "Voy a decirte una cosa, no como oficial, sino como amigo. He hablado con centenares de prisioneros alemanes y las cosas en Alemania no son como tu crees que son". Oehrn recurrió de nuevo al objetivo que mantenían en común alemanes, americanos e ingleses, el comunismo. "Me dices que vuelvo a un país que no reconoceré. Pero pienso en volver a mi hogar y, si las cosas allí son buenas o malas, es mi país y me necesita". El oficial americano sonrió tristemente. Ya había visto esto con anterioridad en muchos casos. No podía hacer más. Un saludo formal era lo único que les quedaba. "Pronto será enviado a casa, Kapitän Oehrn. Oirá muchas cosas por el camino, incluso que no se dirige a Alemania, pero no las crea. Le digo esto ahora para que más tarde sepa que no le he mentido".
Y decía la verdad. El 3 de Noviembre de 1943, después de dieciséis meses en hospitales y campos de prisioneros, después de pasar por Port Side y Barcelona, Oehrn pisaba Marsella como hombre libre. Dos semanas más tarde, se presentaba al BdU en Larger Koralle, en Berlín.
En Diciembre, tal y como había esperado, se casaba con Renata von Winterfeld.
Poco es lo que nos queda por decir sobre Victor Oehrn. Nuevamente, a partir de estas fechas, parece perderse en su trabajo y tan solo fragmentos de información nos proporcionan ideas de lo que ocurrió con el después.
Al parecer en Abril del 44, parcialmente recuperado de sus heridas, se presentó ante Dönitz de nuevo. Dönitz, impresionado por su aspecto, le ordenó que desayunase con el todos los días hasta que ganase peso. Los términos de su repatriación exigían que no prestase servicio fuera de las fronteras alemanas tal y como estas aparecían en 1933, así que fue asignado al A1 de Dönitz, Hubert von Wangenheim, al cual esperaba relevar en agosto de este mismo año. La atmósfera de su nuevo destino le resultaba extraña, como las intrigas cortesanas de cualquier palacio medieval. De hecho, von Wangenheim le advertía a través de largas conversaciones sobre lo que sucedía en los despachos y Oehrn llegó a la conclusión de que allí la gente decía lo que no pensaba. Von Wangenheim parecía tener una especial prisa por abandonar su puesto y salir hacia el frente, donde tomaría el mando de una flotilla de destructores.
Estas sospechas se confirmaron a finales del 1944, cuando Dönitz convocó una reunión para decidir si el formidable Tirpitz debía abandonar Noruega y volver a casa. Oehrn, el oficial más joven de la sala, observaba como nadie parecía proporcionar una idea inteligente y Dönitz, categórico, empezó a proponer ideas que casi rozaban lo absurdo. Oehrn ofreció su punto de vista: "Uno no debería dar al enemigo el triunfo de destruir un barco que por derecho le costaría tantos hombres". Dönitz, inexplicablemente, perdió los estribos y Oehrn tuvo que abandonar la sala. Poco después, Dönitz le pedía perdón y le hizo prometer que, por incomodo que fuera, siempre diría la verdad.
Llegados a este punto, conviene reflexionar un poco sobre la relación que mantenían Oehrn y Dönitz. A pesar del cambio que se producía en este ultimo como motivo de la responsabilidad que se acumulaba sobre él, Oehrn siempre se mostró comprensivo y leal al hombre a quien todos en el staff llamaban simplemente 'D'. "A causa de este incidente, comprendí lo completamente solo que está un hombre cuando está en una posición de alta responsabilidad; cuanto más necesita del apoyo de hombres que permanezcan a su lado sin halagos o decepción. También comprendí, desgraciadamente no era la primera vez, que débiles son los hombres cuando confrontan una fuerte voluntad". Este tipo de pequeños detalles llevaron a Oehrn a convertirse en un defensor de Dönitz.
Al comienzo del capitulo nº 11 del excelente "Wolf", de Vause, éste escritor advierte de la dificultad que entraña examinar a los comandantes de u-boot sin tener en cuenta al mismo Dönitz. El proceso inverso también se cumple. Es difícil aproximarse a Dönitz sin decepcionar a algunos veteranos. De hecho, en ese capitulo se analiza la figura del líder de la u-bootwaffe y Oehrn no pudo evitar dirigirse al autor con el siguiente consejo: "Da lo mejor de ti para promocionar la verdad en la historia. A mis años es mi meta hacer lo que pueda para transferir a la opinión pública la realidad que concierne a ese hombre excepcional, que ni siquiera en Alemania es a menudo visto como realmente era. Muchos piensan que conocen a 'D' bastante bien, pero en realidad no le conocen mucho".
Dönitz contaba con el apoyo incondicional de Oehrn, es mas, contará con el apoyo de cualquier veterano de la U-bootwaffe hasta que no quede ninguno vivo. Resulta interesante el pensar que las excelentes cualidades de Dönitz para el liderazgo hace que muchos olviden aspectos mas controvertidos de su servicio, en el cual, aparecen como no podía ser de otra forma, en su relación con Hitler. Oehrn razona sobre esto: "Nadie en este mundo es perfecto. Tampoco lo es 'D'. Desde mi punto de vista es mas importante saber donde un hombre es perfecto". Para Oehrn, Dönitz era perfecto en inspirar a otros hombres.
Desde el punto de vista de Oehrn, la relación de Dönitz con Hitler se reduce a un intento de proteger en todo momento los intereses de la Kriegsmarine: "Ciertamente Dönitz estaba impresionado con Hitler, como muchos otros lo estaban dentro y fuera de Alemania. Sería absurdo acusarlo de complicidad, sin embargo, ya que buscaba cada oportunidad para hablar con él y permanecer en estrecho contacto. ¿Buscar mas recursos para el servicio?, indudablemente esto le llevó a tener contacto con Himmler, Bormann o Speer". Pero Oehrn, sobre esto, hace otro recordatorio: "Uno tiene que ejercer cautela al juzgar a hombres en puestos de gran responsabilidad por sus palabras. Todo depende de sus hechos. Es mejor juzgar a un hombre por estos".
No sabemos hasta que punto Oehrn idealizaba, o quizás no, la imagen de Dönitz. Al lector, al igual que a esta sección, rápidamente se le aparece la sentencia de muerte de Kusch, un episodio negro en la historia de la U-bootwaffe y del cual Dönitz fue el único perdedor. Para los aficionados de esta sección, es fácil juzgar estos incidentes y personajes décadas después, cuando la única fuente de información disponible se reduce a un puñado de libros. Más aun, la relación de Dönitz con sus hombres exige un artículo exclusivo, más bien que una exposición directa de hechos y fechas. A nosotros nos queda claro que Oehrn aprovecharía la mas mínima oportunidad para defender a su comandante, como pasó con el método de ataque nocturno en superficie, que en general se atribuye a Ketschmer: "Kretschmer no era ni siquiera un comandante cuando empezamos a ejercitarnos en ese método".
Idealista o no, en Julio de 1944 Oehrn llegó a la misma conclusión que muchos militares: Alemania iba a perder la guerra. Por extraño que pueda parecer, aun esperaba una solución política pero esta se iba desvaneciendo poco a poco. Exactamente el 20 de Julio, se producía un intento de asesinato sobre Hitler. Un veterano del D.A.K., Stauffenberg, empleaba una bomba Hitler y todo su staff. Dönitz no era tonto. Ordenó inmediatamente a Oehrn que no saliese de su casa. Todo el país buscaría venganza y centenares de oficiales perdieron la vida en los meses siguientes por una u otra supuesta razón. Dönitz no iba a dejarse atrapar, ni tampoco permitiría que Oehrn fuese victima de la purga.
En cualquier caso, poco quedaba ya por hacer, excepto una lucha desesperada en plena retirada, esta vez, para defender el propio suelo alemán. Los hombres de la U-bootwaffe no pertenecían a la infantería, aunque algunos se verían con panzerfaust en las manos en un intento de frenar a los aliados. Muchos submarinos eran hundidos por sus propias tripulaciones, mientras que otros, como Schaeffer, emprendían una huida en un submarino con un inédito sistema democrático. Lüth moría el 14 de Mayo del 1945, después de la rendición de Alemania. Pronto comenzaron los arrestos.
Oehrn se encontraba en la cama de un hospital, para ser operado de nuevo en la cadera. Por esta misma razón los aliados le habían dejado a un lado. Dönitz, sin poderes y bajo una estrecha supervisión fue a visitarle. “Pronto vendrán a por mí”, dijo al final de la conversación. Oehrn no podía dar crédito a los temores de Dönitz. "¿Cómo puede decir eso?, ¿por qué iba alguien a tratarle a usted, un oficial naval sin culpa, de esa manera?". Dönitz sabía que todo se reducía a una cuestión política, que tal vez una pena de muerte era lo único que le esperaba. "Solo espero que mis hombres de U-boote permanezcan a mi lado". "No puedo creer que ocurra de esa manera. Pero pase lo que pasa la U-bootwaffe siempre permanecerá a su lado. Puede estar seguro de eso".
Dönitz había avisado a Oehrn. El mundo entero quería su cabeza. Nos gustaría saber que hizo Oehrn durante fechas posteriores, mientras Dönitz era juzgado en Nüremberg. Pero resulta interesante que esperase el apoyo de la U-bootwaffe, donde tuvo sus comienzos. Las palabras de Oehrn también resultaron ser ciertas, la U-bootwaffe representa a Dönitz, como arma y líder. En cualquier caso, Oehrn había sobrevivido a la guerra, considerando un privilegio haber servido con alguien de la talla de Dönitz.

Poco nos queda por decir sobre Oehrn, ni nos queda más información que ofrecer al lector. Desde el punto de vista cronológico, si podemos decir que firma la carta de defensa de Dönitz, que el lector encontrará integra en la pagina 144 de las memorias del comandante Topp, "The oddissey of a u-boat commander: reflections of Erich Topp" (1). Nuevamente, Oehrn cerraba filas con Topp, Suhren, Cremer, Bauer, etc. Un total de 21 leales a Dönitz dispuestos a defenderle.
El lector objetará, y con toda la razón, que la mayor parte de la información que ha servido para redactar este articulo esta extraída de sus propias memorias y de la correspondencia que mantuvo con el escritor Jordan Vause. Y es cierto. Es posible que esta circunstancia proporcione un punto de vista parcial sobre la figura de Victor Oehrn. Pero podemos asegurar que de haber tenido más datos, aun en contra, sobre nuestro personaje los habríamos incluido del mismo modo. No es nuestra postura idealizar en ningún modo a los hombres de la U-bootwaffe.
Las memorias de Oehrn, "Navigare neccesse est", aun no están disponibles. Esperamos que muy pronto podamos incluirlas en nuestra sección bibliográfica, tal vez aporten más datos sobre sucesos históricos del arma submarina alemana. Mientras, como fuente principal de información, hemos empleado "Wolf", de Jordan Vause, con el cual, nuevamente, estamos en deuda. Otras fuentes han sido. "Diez años y veinte días", de Dönitz, los volúmenes de Blair y alguna que otra cita que aparece en el articulo.
La conclusión que sacamos es que Victor Oehrn aporta una de las historias más interesantes de la U-bootwaffe. Por un lado, no solo estuvo envuelto en sucesos puntuales y determinantes en la historia de esta arma, sino que también puede ofrecer una historia personal rica en matices y anécdotas. Por otro lado, tal vez sirva como representante de todos aquellos hombres, que, sin tener rostro ni nombre, ni memorias publicadas o libros que hablen de ellos, también tienen historias que contar que aun están silenciadas.
El lector no ignora que libros y paginas en Internet están llenas de información sobre los grandes ases, pero: ¿qué seria de Krestchmer sin su tonelaje hundido?, ¿o de Prien sin Scapa Flow?. En ningún momento es nuestra intención menospreciar su contribución al esfuerzo bélico alemán, pero pensamos que es terriblemente simplista reducir la historia de la U-bootwaffe a un puñado de hombres con sus correspondientes cifras y fechas.
Esta es la idea que nos movió a escribir este artículo. En cierto modo, nuestra deuda con Victor Oehrn esta saldada. Si con ello hemos conseguido interesar al lector, nos damos por satisfechos. Para nosotros, este articulo aun no esta cerrado...
(1) La 'Carta de los Comandantes' está incluida en la sección de artículos de esta web.
Agradecimientos.
Desde la Oficina de Documentación y Servicios Históricos de la 24 Flotilla Geweih, queremos dar las gracias a Serafín Trashorras y Juan Manuel Gómez por el apoyo que nos han mostrado al facilitar las fotografías que aparecen en este articulo. Sin su trabajo, el lector no podría acompañar con imágenes este texto.

Febrero 2006.
Carlos Ballesta (Silvest U-490) - Oficina de Documentación y Servicios Históricos de la 24 Flotilla Geweih.